Veintidós estaciones

Como si hubiera tenido una intuición (20 son las acepciones que recoge el diccionario académico del sustantivo que da título a esta obra), Lola Almeyda realiza 22 paradas en sus recuerdos, o en los recuerdos de quien, aislada temporalmente para una cura de carácter y/o de malas costumbres adquiridas, escribe en un «Cuaderno» (así se llama el primer capítulo) sobre lo que ve, lo que oye, lo que la rodea en su obligado retiro de dos meses con su pequeña, y esta vez voluntaria, prolongación de días de silencio y soledad. Pero especialmente, pues la escritura es muchas veces eso, la obra se plantea como una «Terapia» (una de las veintidós estaciones, aunque en ocasiones la protagonista sufra el desasosiego de la «Recaída»), una forma, a veces plácida, a veces trágica, de exorcizar fantasmas, de todo lo que nos atormenta en esa construcción personal que no depende absolutamente de nosotros mismos, sino de las cartas con que nos toca lidiar, especialmente la familia (ese gran peso) y el entorno, idealizado en este volumen, libre de los elementos negativos que en algún momento llegaron a tener.

El retiro en soledad propicia entonces que fluya la poesía, pues no otra cosa hace Almeyda, incluso cuando intenta reconstruirnos una historia; pues, aunque Veintidós estaciones esté editado bajo el sello Ávalon de narrativa en Karima Editora, nos resistimos a encasillarlo en ningún género y nos negamos absolutamente a definirlo como una novela. Qué falta hace. Es como intentar poner vallas al campo, que aquí se desmenuza en pequeños cuadros donde tienen cabida las «Piedras», los «Arriates», la «Alegría», los «Pájaros», los «Pastizales»...; capítulos encabezados por una sola palabra como las instantáneas de un pensamiento que, sin embargo, se resiste a permanecer estático y se devana cual «Madeja» en un moderno fluir de la conciencia donde la voz se deja llevar sin demasiados «Patrones» para hablar de lo que realmente le interesa. Quizás porque, en el fondo, por mucho que se flagele por su excesivo orden en la vida y en las cosas, la mente permanece, aun sin saberlo, en una errática y recuperada libertad que ni todas las madres severas ni todas las exigencias de perfección y control consiguen secuestrar.

En Veintidós estaciones nos encontramos con una sucesión de fragmentos como poemas anchos donde hasta los «Derribos» devienen pasto para las flores. La pausa, tan precisa para que nos percatemos de qué hacemos aquí, para «inventarse la vida, dejarse llevar, acostumbrarse a estar haciendo nada, recordar que es necesario respirar», incluso cuando es impuesta, empieza siendo una huida, pero una huida en la que los ojos y la cabeza se percatan de que han permanecido ciegos (o más bien cegados) por la costumbre y las obligaciones, por unos tiempos en los que la mujer no podía ejercer si no era como hija modelo y perfecta ama de casa, en los que la rebeldía se pagaba, en los que sobre la culpa pivotaba la existencia.

El tono, pues, se va haciendo poco a poco más amargo, hasta descubrirnos dramas enterrados que reaparecen como fantasmas reales, hasta revelar que los ciclos se repiten y lo que tanto odiábamos en ciertos caracteres se reproduce en nosotros mismos, si bien el hecho de que sea «Eduardo» o el amor el último capítulo y la palabra «golondrina» la que ponga punto final a este recorrido deja abierto un luminoso halo de esperanza.

Elena Marqués

María Dolores Almeyda nació en Sotiel, una pequeña pedanía minera de Calañas (Huelva). Ha publicado, entre otros, el libro de poemas Versos clandestinos (2011); el libro de relatos Algunos van a morir (2012), que se acaba de reeditar; La casa como un árbol, del que se han hecho varias ediciones (2013); Veintidós estaciones (2015); Instrucciones para cuando anochezca (2016); y Pequeños versos furiosos (2016). Desarrolla semanalmente un programa de radio en el que se habla principalmente de poesía con sus autores y sus textos.

 

Veintidós estaciones

No se encontraron comentarios.

Nuevo comentario

Los libros que leo

Algunos animales y un árbol

Bajo la denominación Algunos animales y un árbol podría caber cualquier contenido, especialmente de corte ecológico. Aunque a mí, bromas del subconsciente, este título me ha recordado a otro por igual curioso y que dio mucho que hablar: el del documental de 2017, grabado por el actor español...
Leer más

En el iris el tiempo

No vamos a quejarnos de los últimos años porque todos tenemos motivos para hacerlo. La vida se nos ha puesto patas arriba, irreconocible. Y nosotros mismos hemos cambiado. No solo en costumbres, sino también en carácter. Una de las consecuencias de este desbarajuste, tanto colectivo como...
Leer más

En el río trenzado

Pasamos la vida salvando encrucijadas y planteándonos si habremos acertado en la elección. Dos conjunciones juntas, la copulativa «y» y la condicional «si», que, bajo ese aspecto insignificante, entrañan un gran peligro. Yo misma (pero quién no, diréis) incluí una reflexión acerca de eso en mi...
Leer más

Beernes

En estos tiempos crispados, en que te cruzas con alguien y te saluda directamente con un «pues anda que tú», se hace más necesario que nunca reivindicar el humor. Por eso me declaro hater de aquel fraile de El nombre de la rosa partidario de envenenar a todo el que osara leer el libro de...
Leer más

Todo lo que crece. Naturaleza y escritura

No recuerdo cuándo, ni dónde, aunque sospecho que fue en una de esas entradas facebookianas con las que de vez en cuando me entretengo, leí un acertado comentario sobre el arte de escribir contracubiertas y solapas, entendiendo en este caso el término «arte» en la cuarta acepción del diccionario,...
Leer más

El sintonizador

Ayer, cuando andaba planificando mi entrada de hoy, me enviaron vía WhatsApp un vídeo de lo más inquietante. Un tipo con barbas y excelente dicción explicaba las infinitas posibilidades de la inteligencia artificial. Y lo hacía a través de un ejemplo en el que prestaba su voz a un avatar con su...
Leer más

Las calles del tiempo

Aunque muchas veces los lectores afirmamos que nos gusta meternos en los libros para viajar lejos, más allá de nuestras fronteras, sucumbimos con mayor facilidad a sus historias cuando estas transcurren por nuestros espacios más queridos. Como si, al pasear los ojos por las páginas, camináramos de...
Leer más

Nunca debiste atravesar esos parajes

«Dicen que matar a una persona no es sencillo. De mis primeras clases recuerdo aquello de que el asesinato es una interacción entre el criminal y su víctima. Cuando vienes de una familia como la mía, la muerte adquiere un carácter cotidiano, tanto como el de la fruta o las pantallas de...
Leer más

De Homero y otros dioses

El año que se apaga, si dejamos a un lado crisis y pandemia, que no sé hasta qué punto es eso posible, se ha convertido en una continua celebración para dos filólogas llamadas como mi primogénita. No pasa una sola semana sin que salte el nombre de una de ellas en medios y redes, ya sea por verse...
Leer más

Trigo limpio

La verdad es que no sé por dónde empezar. Porque la novela ganadora del Premio Biblioteca Breve 2021 es tan ambiciosa, compleja y a la vez hipnótica que todo lo que diga en estas pocas líneas no alcanzará a explicar ni levemente lo que he experimentado en el camino. Simplificando mucho, Trigo...
Leer más