Trampantojo

«Una persona que se siente culpable se convierte en su propio verdugo».

Con esta cita (sabia cita) de Séneca se abre la novela de Charo Jiménez Trampantojo, su ópera prima; una historia dentro de otra historia, una narración sobre la construcción literaria como uno de los mejores modos de redimirse que ha encontrado el ser humano. Al menos algunos.

Ambientada en lugares cercanos, entre Sevilla, Cazalla de la Sierra, Valdelagrana, Punta Umbría o Fuengirola, por donde se mueven los personajes reales; y ese otro espacio también conocido y transitado por quien escribe estas líneas, el de la ficción que va naciendo sobre la página en blanco (en el blanco, también, de la espuma y las gaviotas) hasta que esta queda poblada de nuestros propios demonios y nuestras no menos propias esperanzas (y sueños, y deseos, y mentiras y verdades…), la novela, narrada desde la perspectiva de Teresa versus Elena, cuenta la doble o, mejor dicho, múltiple construcción de la vida, desde la infancia y la adolescencia hasta la traición y el desengaño. En ella van cruzándose personajes reales, tanto por su manifiesta humanidad como por sus palabras (esos diálogos frescos de personas de carne y hueso que se limitan a vivir sin darse cuenta de que en eso realmente consiste la vida, en «aquellas pequeñas cosas» que dan nombre a la novela en construcción), con los que rodean y complementan nuestra existencia a través de canciones (las de Alberto Cortez, por ejemplo), poemas (Miguel Hernández hecho amor y huesos), películas (Lo que el viento se llevó… y nos dejó), refranes y dichos. Y todos cumpliendo su papel, de amigo, de madrina, de abuela sabia, de madre, de padre; abandonando a la orfandad y al desconcierto; apareciendo como balsa en medio del naufragio; huyendo de los problemas para meterse en otros mayores; confesando las culpas, manteniendo el recuerdo, sosteniendo el orgullo. Llegando. Perdonando, al fin, que es de lo que se trata.

Pero en el camino, a veces cuesta arriba, se produce la pérdida, y surgen la enfermedad, los contratiempos y los accidentes, aunque también el amor, y la mano tendida, y la amistad incondicional (ese César siempre donde hace falta), y la compañía, y la posibilidad de empezar de nuevo, todo a veces enmarañado, confuso, engañando como el trampantojo del título, en esa luz incierta que no sabemos si es un amanecer o un atardecer, si estamos asistiendo a la transcripción del libro de Teresa o a la escritura de las cartas de Irene, «como si hubiéramos estado construyendo a cuatro manos un mismo proyecto».

Quizás solo se trate de eso: de situar en el mismo plano todas las historias porque son la misma historia. La de hombres y mujeres en busca de la felicidad, sorteando dificultades, aprendiendo, creándose, recreándose, inventándose.

Creo que, como diría el Bardo, that is the question, y en esa eterna pregunta que es nuestro camino Charo Jiménez nos anima a desechar las verdades absolutas, a reconciliarnos con el pasado, a aceptar lo que se nos concede y a afrontar el resto con valentía, consciente de que la novela, la vida, no se acaba: se está escribiendo aún.

Elena Marqués

Charo Jiménez (Sevilla, 1961), licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla, ha sido profesora durante más de veinte años en diversos institutos y centros públicos de su provincia. Acaba de publicar Ara, como el río (Triskel, 2018). Trampantojo (Triskel, 2015) es su primera novela.

Trampantojo

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