Sobre el recital poético (y 2)

Como ya sabéis, el día 21 de diciembre se celebró el I Recital Poético Solidario Internacional con el fin de recaudar fondos para los comedores sociales de las ciudades participantes. Para ello, además de con una buena nómina de poetas y algún que otro músico que amenizó la velada, contábamos con la mediación de distintas asociaciones sin ánimo de lucro y ONG encargadas de hacer llegar esos fondos al lugar que más lo necesitara. El acto, en el caso de Sevilla, se celebró con cierto éxito, y, para satisfacción de todos, especialmente de su organizadora (en este caso una servidora, que, después de un mes de angustia, por fin conseguía respirar), a las ocho y media desalojamos el salón de actos de La Casa del Libro con la grata sensación del deber cumplido. Los voluntarios de la asociación SOS Ángel de la Guardia, por su parte, nos comentaron en ese momento que ya quedaríamos después de las fiestas para llevar la recaudación al comedor de Bellavista, el que habían elegido por ser uno de los que generalmente contaban con menos ayudas.

Así que el viernes 16 nos dispusimos a realizar dicha entrega, y fue entonces cuando me di cuenta de la diminuta dimensión de lo que nosotros, por nuestra parte, habíamos hecho.

Allí, en el local de la calle Manuel Gonzalo Mateu donde antes existió un restaurante, del que lucía aún el rótulo (Salón Baldomero, rojo sobre blanco), nos recibieron como amigos y nos agradecieron lo indecible la colaboración prestada, cuando realmente tuve que confesarles que nuestra participación no había sido nada penosa, sino todo lo contrario. Reunirse para recitar poesía acompañados por un piano y un público ávido de nuestros versos es más que gratificante. Alguno, en su fuero interno, lo viviría también como una oportunidad de darse a conocer.

Y no estoy diciendo que eso sea malo. Un pequeño pecadillo de vanidad siempre se nos supone a los artistas y a los eternos aspirantes a genios. En cualquier caso, incluso para los más nerviosos, creo que todos los disfrutamos, y encima nos sentimos reconfortados al pensar que estábamos contribuyendo a una buena causa.

Pero después de encontrarnos con toda esa gente que cada día se preocupa por que los que no tienen tanta suerte coman caliente se percibe una un poco ridícula. Y al saber de otros proyectos de los ángeles de la guardia (porque está claro que lo son), como el de ayudar a encontrar un techo a los que duermen en la calle, te das cuenta de que, a pesar de que al enchufar la radio o la televisión ese trasto diabólico solo escupe malas noticias, hay mucha gente buena distribuida por el mundo, personas que realizan un trabajo callado y continuo que no busca el reconocimiento como los poetas ni la paz propia, sino el bien ajeno; que vuelve a su casa con más problemas de los que tenía al salir pero eso no le importa. Seguramente ellos nunca protagonizarán ninguna novela de las que alguno intentamos esbozar con más pasión que acierto, pero son verdaderos héroes a los que quiero dedicar esta entrada de hoy.

La literatura está bien, pero la vida es lo verdadero, y las páginas salpicadas de verso libre no deben impedirnos ver el bosque de asfalto.

Muchas gracias.

 

Elena Marqués

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