Sobre el I Recital Poético Solidario Internacional

El domingo 21 de enero, en una tarde cálida en todos los sentidos, se celebró en la última planta de La Casa del Libro de Sevilla el I Recital Poético Solidario Internacional, al que acudimos 19 poetas muy diversos movidos por un único propósito. Como dije al inicio del acto, «Hoy deseamos que la palabra nos acaricie, pero también que se haga pan; concederle el valor mágico y demiúrgico que le atribuían los sofistas y en el que los que estamos aquí creemos».

Y nadie como Pepe Quesada, que inició su intervención recordando al de Moguer, «Para nombrar el nombre exacto de las cosas» (título de su poema) y volver «al torrente inicial de las palabras».

Y es que, sin ponernos de acuerdo, muchos fueron los poetas que reflexionaron precisamente sobre eso, sobre las pequeñas herramientas con que trabajamos; esas sílabas a veces contundentes, otras huidizas y cambiantes («la huella de los ojos del que mira / que las palabras no / son las mismas de anoche», explica Alejandro Lérida), que tratan de atrapar cada cariz del mundo y nos unen en un abrazo al verso («No hubo un pincel entonces que fraguara, / que anclara aquella brisa / al portal de mis versos», concluí yo), con las que en juegos papirofléxicos fabricamos «Viejos aeroplanos de papel / Sueños voladores oxidados» (Juan Clemente).

«Pero el más dulce elemento / que quiero ser, es el verso / combado, alejandrino, blanco y libre / (como un latido) / que aún no te he escrito», nos confesó también Fernando Ferreyra, mientras Ana Álvarez Barroso, ausente en la calle Velázquez pero presente en el corazón, quiso tatuar «mis huellas, mis pisadas, mi silencio / y los versos que aún no te he escrito» (se ve que nos urgen en los dedos, nerviosos por nadar el folio en blanco) y Paco Carrascal nos desbrozó palabras «desde el cántico de las medusas / desde la hondura de los hornos / por la pesadumbre de las listas. / Palabras, versos, estrofas, poemas y poemarios malditos».

«Las palabras se inclinan / ante tu significado» (Almudena Tarancón) y se convierten en oración profana en Rafa León («Concédeme un pedazo, / pequeño como miga / de pan, de la fecunda / cosecha de tu tiempo»); en una canción a la Sevilla emigrante de 2014 en la voz quebrada de Manuel Vilches («Con tanta primavera aún por delante. / Con tanto sol violando la tristeza. / Con tanto cielo azul por conquistar.  / Con tanta LUZ, preñada de poesía»); en mar, para el poeta Gabriel Gil, donde mecer «tus caricias de ida y vuelta».

Pero la palabra también se hizo carne tierna y familiar en Emilio Gómez-Caminero, que pregunta a su hija recién nacida «¿Cómo pudo haber mundo antes de que existieras?»; y sensualidad en Carmen Rodríguez («Trazas con tu boca / caminos de deseo»); y juego en el contrapunto infantil del Tigrito de Santiago Mogica («Se posaba en alta rama / descansando bajo el sol / hasta que un día confiado / por el árbol resbaló»).

Y en un acto solidario no faltó quien, como Pedro Luis Ibáñez Lérida, echó anclas en el presente henchido de preocupación («Nada me es distante, esquivo o ajeno. Todo pende del ser que fluye en el cauce de la memoria, y ese transcurrir incesante de miradas y cantos desconocidos»), pues, en palabras de Luna del Alba Márquez, «pero a veces / la vida ha sido una duda, / y no tuve más remedio / que aprender de ella».

La realidad es en ocasiones un paseo eterno bajo la lluvia; un espacio que Amalia Campos describió así: «los espacios endulzan y llenan / de tu presencia los sauces, de tus sabores la sal». Porque espacio y tiempo, aquí y ahora, son también, hoy y siempre, un tema querido y recurrente en todos los poetas. («Pero el reloj se ha parado y el verbo está en plural. Lo sé, la luna nos alumbra y la ventana es la misma», explica con nostalgia Isabel Fernández), al igual que el amor y su pérdida y el temor al olvido («Si en un aciago día despierto / a las afueras del tiempo, / allá donde el pelo se / arruga de blanco / y no encuentro en mis cajones / la memoria de quererte...», se quejó Juan Carlos Macías; «Te perdí en un abrazo mojado de cariño / con miradas de hogueras», lamentó a su vez Fernando Parrilla).

No sé si con esto he conseguido hacer un resumen del aire que se respiraba, cruzado sutilmente por los acordes de Mariano Alda y Alfonso del Valle; de la añoranza por tiempos mejores de más de uno de los participantes; de la intención de transmitir que la ayuda es siempre necesaria y no puede evaporarse cuando pasen las fiestas. «Es tiempo para los buenos propósitos (sigo citándome a mí misma), que esperemos nos duren mucho, que no se desvanezcan a poco que se apaguen las luces que ahora adornan las calles y quizás, sin darnos cuenta, nos engañan, nos adormecen o nos sensibilizan momentáneamente al hacernos caer en la cuenta de que habrá gente que no podrá disfrutar de una buena cena de Nochebuena o que los Reyes Magos no encontrarán una habitación caliente donde dejar sus regalos».

Solo me queda recordar, amparándome en estas voces prestadas, que nuestra colaboración no termina a las ocho y media de aquel día, y que aún estamos a tiempo de contribuir en esta campaña de solidaridad en la que S.O.S. Ángel de la Guardia trabaja todo el año.

Muchas gracias.

 

Elena Marqués

Sobre el I Recital Poético Solidario Internacional

Buena crónica

Buenas.
Creo que más que resumen has escrito una crónica clara y sentida sobre lo que se recitó aquella tarde. Ahora veo la segunda parte (solo una nota, escribiste 21 de enero, creo que fue en diciembre) Un abrazo.

Nuevo comentario

Los libros que leo

Eterno amor

Que el manejo de la brevedad es un don lo estoy comprobando en estos días. Y que la concentración poética solo puede ser beneficiosa para un texto como este. Es admirable la forma de encerrar, en unos pocos términos bien elegidos, todo un universo; de describir, por ejemplo, con cuatro pinceladas...
Leer más

"Al final del miedo", de Cecilia Eudave, o cómo sortear el vacío

Hace poco, en una charla con cuentistas de la talla de Andrés Neuman, Antonio Ortuño, Eloy Tizón y José Ovejero, alguno de los asistentes se interesó por la fórmula para trabajar un libro de relatos, si estos podían ser independientes o era recomendable (aunque nunca hay reglas, eso está claro)...
Leer más

Salir, salir, salir...

Soy especialista en tristezas. En ocultarlas. En intentar sortearlas. Como buena (o mala) parte de la humanidad, he tomado Prozac. Me he sentido sobrepasada por las circunstancias. Con absolutas ganas de morirme. Pero posiblemente, aunque lo hubiera intentado, no habría sido capaz de escribir un...
Leer más

Contra la España vacía (que no contra España)

«Entiendo mis libros como parte de un esfuerzo centenario por explicar el país en el que vivo», comenta Del Molino en su introducción a Contra la España vacía. Muchas vidas le harían falta al escritor y periodista aragonés para poner algo en claro. Aunque pienso que en este último ensayo disipa...
Leer más

Aunque pensemos como Celaya

La entrada en un nuevo año siempre resulta ilusionante. No pregunten por qué, pero tendemos a celebrar un simple giro en el calendario como si fuera a traer la solución definitiva a nuestros asuntos. (Léase al respecto el primer poema de este libro que pretendo reseñar). Pero en esta ocasión el...
Leer más

¿Por qué no te callas?

En un mundo lleno de ruido, bien nos viene que alguien, de vez en cuando, nos haga callar. Porque posiblemente muchos de nosotros, pseudoescritores, pseudopoetas, casi pseudópodos en muchos aspectos por eso de arrastrarnos para que nos echen cuenta, somos los que más sobramos en esto de escribir y...
Leer más

Canción. Noticia de un secuestro (y II)

Conocí a Eduardo Halfon a través de su libro de relatos El boxeador polaco y la recomendación de mi amigo Carlos Torrero. Andábamos (o todo lo contrario) confinados por la pandemia y su lectura me permitió viajar entre Belgrado y la música de Milan Ravic, entre el Halfon escritor y el Eduardo...
Leer más

Dicen los síntomas o la corporeidad del lenguaje

A los hipocondriacos cada síntoma debe presentárseles como una verdadera maldición. Para ellos, cualquier tipo de señal del cuerpo, más que decir, más que hablar, les grita cosas terribles, los aproxima irremediablemente a la muerte. Y a la muerte en una habitación de hospital espera la...
Leer más

Nunca sabrás quién fui. Jugando al quién es quién

Quienes me conocen, si es posible conocer a alguien de verdad (y ahí lo dejo), saben de mi afición por los malabares literarios, mi inclinación por lo metaficticio y lo autorreferencial, por los límites y cómo traspasarlos. Porque, como muchos, estoy convencida de que nuestra vida, también la de...
Leer más

Lanzarse a «El agua del buitre»

Como muchos de los que braceamos desde hace años en este piélago de la escritura sin demasiado éxito, me considero un ejemplo de buena perdedora. Así que el hecho de que El agua del buitre, el último libro de cuentos de Andrés Ortiz Tafur, vaya dedicado en cuerpo y alma «A los que...
Leer más