Propósitos

Hay dos momentos en el año en que decidimos cambiar nuestra vida. Uno es el 1 de enero, cuando exclamamos eso de «Año Nuevo, vida nueva» mientras arrojamos confetis y bebemos champán de una marca barata. Otro es septiembre, coincidiendo con el principio del curso escolar. Es entonces cuando empezamos la dieta, nos apuntamos al gimnasio, nos matriculamos en inglés. Incluso nos dejamos engatusar por el primer número de cualquier coleccionable que tiraremos probablemente a mitad de noviembre para meter en su lugar los jerséis de cuello vuelto y las bufandas.

Yo también tengo mis propósitos para esta temporada. Llevo un tiempo algo disipada, corrigiendo textos ajenos, participando como jurado en certámenes literarios, organizando recitales, acudiendo a actos. Si a eso sumamos las siete horas de trabajo diarias y las obligaciones propias de mi sexo y edad (una es madre, y algo ama de casa), ¿cuánto tiempo me queda para lo que más me gusta en la vida, que no es tirar confetis, ni beber champán, ni mucho menos intentar hacerlo todo sin contentar a nadie? Porque somos humanos, limitados, y quien mucho abarca poco aprieta, y lo que empiezan siendo favores terminan por convertirse en obligación y exigencia. Y una, después de tanto esfuerzo y buena voluntad, se queda entonces con la cara de tonta.

No quiero decir con esto que renuncie al mundo y sus pecados (y menos a estos últimos); pero sí que, de un modo egoísta que debo tratar de ensayar porque lo he practicado poco, dedicaré mi tiempo preferentemente a la escritura, mi pasión y mi vida; y cada día añadiré en mi haber un buen rato para la lectura, alimento exquisito que elegiré con cuidado y con cariño. Y, con el tiempo sobrante, que intuyo pequeño… Pues no sé. Como diría Escarlata O’Hara, «ya lo pensaré mañana».

Por lo pronto, y puesto que agosto se ha caracterizado por la falta absoluta de disciplina (de ahí los propósitos de septiembre), apenas he esbozado unos cuantos versos que aquí os dejo, con sus correspondientes referentes y sus múltiples significados para quien quiera encontrarlos.

Espero que os gusten y ¡feliz Año Nuevo!

 

 

Habla la piedra

la lengua sideral

de los inviernos.

 

 

 

 

Un camino de encinas,

una costa esmeralda,

y el refugio del frío

en los brazos del tiempo.

 

Elena Marqués

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