Presentación de "Murillo. Retratos de un genio"

Tras una primera presentación en La Carbonería, vuelve la antología Murillo. Retratos de un genio, en esta ocasión al Antiquarium de Sevilla. Y ¿por qué os recomiendo este libro? No solo porque en él algunos escritores (muchos de ellos muy buenos) hagamos un homenaje a ese pintor tan sublime, tan conocido universalmente, tan querido, sino porque, especialmente quienes hemos nacido en estas tierras, lo tenemos como algo propio, grabado en nuestras retinas desde la niñez. ¿Quién no ha entrado de la mano de su abuelo en el Museo de Bellas Artes de nuestra ciudad y se ha quedado mudo al acceder a la antigua iglesia de la Merced? ¿Quién no ha tenido alguna de sus inmaculadas guardada en un cuaderno o presidiendo la cabecera de su cama? ¿Quién no ha descubierto un rostro perfectamente humano entre sus mendigos y sus niños, bañados por una luz que no es de este mundo? ¿Quién no ha quedado extasiado ante la dulzura de sus ángeles, la humidad de sus santos, el amor por su Dios?

Yo recuerdo como si fuera ayer aquella excursión que hiciera al Hospital de la Santa Caridad con el colegio. Así lo conté en La Carbonería cuando se me preguntó por qué me había prestado a participar en este libro a pesar de la aprensión que tenía a hablar de alguien del que ya posiblemente todo se había dicho.

Fabular sobre su vida era difícil: no podía inventar ni atribuirle palabras que quizás nunca pronunció. Limitarme a describir alguna de sus obras podía resultar redundante, aunque era algo que me atraía muchísimo, el reto de verter en palabras lo que a primera vista parecía inefable. Finalmente me decidí por recrear lo que pasaría por su cabeza ante el encargo de participar en la decoración de la capilla de San Jorge, de seguir el programa ornamental de Miguel de Mañara y catequizar a quienes cruzaran sus umbrales con su claro y coherente discurso narrativo. «Todo habrá de aprovechar para enseñanza del pecador; para suscitar devociones; para que quien levante los ojos se vea imbuido de las virtudes cristianas que todo creyente debe practicar, especialmente las relativas a la Caridad y ayuda a los desdichados; para promover en los fieles la oración, la piedad y el arrepentimiento; para servir de guía espiritual a sus hermanos desde que atraviesen la puerta del templo y, detenidos bajo el umbrío sotocoro, descubran la contundencia de la muerte, cómo esta arrebata riqueza, poder, gloria, belleza y todo cuanto en este mundo efímero pueda atesorarse».

Y, junto a este episodio, el que yo he escrito, que abre el volumen (los relatos se reúnen en orden cronológico), descubriremos  a Murillo caminando por las calles de Sevilla y tropezando con algunos de sus modelos, rememorando el nombre de sus obras más queridas; conversando con Justino de Neve, uno de sus mejores amigos y, por qué no decirlo, también mecenas, y el comerciante flamenco Nicolás Omazur; imaginando la vida secreta de dos mujeres asomadas a una ventana; negociando en Cádiz con Giovanni Bielato, «un coleccionista sin criterio»; y, ya en otros momentos posteriores, recorriendo el «rapto» de algunos de sus cuadros, llamando al corazón de los más desalmados criminales o siendo alabados por una guía de museo.

Así que ya sabéis: de todo eso hablaremos en el Antiquarium de Sevilla el día 14 de diciembre, a las 19:00, de lo que Carmen Pita, Jaime Covarsí, Eva Márquez, Javier Fornell, Andrés Nadal, Valeria Lorenzo, Sara Esturillo y una servidora han visto y han sentido al enfrentarse a un genio.

 

Elena Marqués

 

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