Los libros que leo

Todos los años, como propósito tras la ceremonia de engullir las uvas y regarlas con champán, me propongo apuntar en una libreta (soy así de tradicional) los títulos que devoro acompañados por una pequeña referencia o calificación de cada uno. Nunca lo cumplo. A lo más que llego, desde que me asomo a esta ventana por donde sopla el céfiro, es a dejar mis impresiones en esa sección titulada «Los libros que leo», en la que, como reza el dicho, no están todos los que son o algo parecido. Porque por estas esquinas del aire solo me paso los lunes, para inaugurar así la semana, y, al menos, en este primer mes del año ha llegado a la decena el número de historias (porque no ha caído ningún poemario completo, aunque he picado de aquí y de allá e incluso me he atrevido a trazar algún que otro verso peregrino) que he degustado.

Y no lo digo por presumir de buena lectora, pues no creo que este número sea especialmente significativo, y, además, siempre abogo por la calidad antes que por el peso, sino para intentar animar a ese tanto por ciento tan elevado que hace poco salió a la luz de esos que no leían jamás un libro.

Y es que desde que empezó 2017 he pasado un buen rato con esa antología de mujeres malas (Casa de fieras) en la que participo, he realizado Doce viajes literarios (no me preguntéis cómo llegó ese libro a casa, porque no tengo ni idea) con autores como Basilio Losada, Josep Maria Palau y Eduardo Jordá por territorios tan dispares como el desierto del Sáhara o el Chile de Neruda, y otro más con Julio Llamazares (amén) a través de los caminos y paisajes que recorriera don Quijote; he conocido El campamento de Napoleón de la mano de sir Arthur Conan Doyle (que no solo de Sherlock Holmes vivió el hombre); me he enamorado de Felipe Benítez Reyes a través de El azar y viceversa (doy gracias a la tertulia gastro-literaria El Caldero por darnos la oportunidad de departir con él sobre esta pequeña joya); he descubierto a Ignacio Arrabal con El rasgo suplementario, lo que me lleva de cabeza a leer sus poemas; he conocido Cárdenas a través de los relatos de Sara Mesa (a Mala letra me refiero, próxima parada en nuestra tertulia. Todas las «lecturas obligatorias» fueran como esa); me he conmovido con la novela de corte autobiográfico El atardecer sin mí, de Agustín López- Raya; me he maravillado con una novela de extraño nombre, Cenzontle, de José Iglesias Blandón, que seguro que dará de hablar (sin ir más lejos, en La Inopia, adonde ya está invitado su autor)… Y, por supuesto, después de disfrutar de El héroe discreto, de Vargas Llosa, que no sé desde cuándo estaba arrinconado en la estantería, he empezado Cinco esquinas y a punto estoy de terminarlo, porque, cuando se lee a alguien grande, todo ya te parece poco. Y, sobre todo, te parece nada lo que escribes y te atreves a lanzar, a veces voluntariamente, otras a petición de algún amigo de este mundo eterno de las letras, como esos dos últimos relatos (o como quiera llamarse, que no soy amiga de poner nombres a casi nada, sino más bien de mezclar géneros y destrozarlos) que aparecen en Tinta china y que os dejo por aquí; mi periódica publicación en Aldaba; y algún rastro de mi hacer en el próximo número de El ático de los gatos. Eso por no hablar de alguna sorpresa editorial de la que hablaremos más adelante. Pero ya estáis avisados. Y el que avisa es de todo, menor traidor.

Elena Marqués

 

Los libros que leo

No se encontraron comentarios.

Nuevo comentario

Los libros que leo

La hija del barquero

Con lo mucho que me gusta huir de la realidad, con lo que me apetece siempre tirar de la imaginación e inmiscuirme en vidas muy distintas a la mía a través de la ficción, últimamente solo me rondan proyectos biográficos. Que no se me malinterprete. Parece que he arrancado con una queja, o una...
Leer más

Días extravagantes

Desde la palabra «Existo» con que se inicia la novela Días extravagantes, de la escritora sevillana María del Monte Vallés, uno ya se pone en guardia. Y más aún al enfrentarse a la descripción del espacio en el que esa voz narradora dice existir, que parece una campana de laboratorio, un lugar...
Leer más

Rebecca

«Anoche soñé que volvía a Manderley». No sé si podría considerarse un comienzo digno de esas célebres listas que recogen los mejores arranques novelísticos, pero sí creo que continúa siendo uno de los más conocidos en la historia de la literatura y del cine. Y es que muchos lo escucharemos...
Leer más

El aire de Chanel

Que a mí el mundo de la moda me interesa más bien poco no tengo ni que decirlo. Basta verme andar por esas calles de Dios con pantalones heredados de mis hijas, camisetas agujereadas por el gato y el pelo siempre cortado y/o recogido en función exclusivamente de mi comodidad. Los zapatos, ni los...
Leer más

Yo, mentira

«Antes observaba los coches que paraban a nuestro lado en los semáforos y me asustaban esas parejas que no hablaban entre sí. Solía reírme de ellas para disimular. Ahora, en el nuestro, la única voz que suena por encima de la radio es la del GPS palpitando desde los altavoces». Con estas palabras...
Leer más

Historia de una novela

Que Thomas Wolfe es uno de los escritores más grandes del siglo xx nadie lo pone en duda. Que es posible conocerlo más o menos bien a través de su obra, extensa a pesar de su corta vida, tampoco se nos esconde. («Como ya he dicho, tengo la convicción de que todo trabajo creativo serio debe ser en...
Leer más

Eterno amor

Que el manejo de la brevedad es un don lo estoy comprobando en estos días. Y que la concentración poética solo puede ser beneficiosa para un texto como este. Es admirable la forma de encerrar, en unos pocos términos bien elegidos, todo un universo; de describir, por ejemplo, con cuatro pinceladas...
Leer más

"Al final del miedo", de Cecilia Eudave, o cómo sortear el vacío

Hace poco, en una charla con cuentistas de la talla de Andrés Neuman, Antonio Ortuño, Eloy Tizón y José Ovejero, alguno de los asistentes se interesó por la fórmula para trabajar un libro de relatos, si estos podían ser independientes o era recomendable (aunque nunca hay reglas, eso está claro)...
Leer más

Salir, salir, salir...

Soy especialista en tristezas. En ocultarlas. En intentar sortearlas. Como buena (o mala) parte de la humanidad, he tomado Prozac. Me he sentido sobrepasada por las circunstancias. Con absolutas ganas de morirme. Pero posiblemente, aunque lo hubiera intentado, no habría sido capaz de escribir un...
Leer más

Contra la España vacía (que no contra España)

«Entiendo mis libros como parte de un esfuerzo centenario por explicar el país en el que vivo», comenta Del Molino en su introducción a Contra la España vacía. Muchas vidas le harían falta al escritor y periodista aragonés para poner algo en claro. Aunque pienso que en este último ensayo disipa...
Leer más