La sala japonesa y otros relatos

Con un sosegado paseo, aún no sabemos si real, por la casa que alberga la sala japonesa que da título a la obra inicia Javier Compás su libro de relatos. En este, el primero de los quince, nos ofrece una pista de lo que encontraremos. Por una parte, una descripción minuciosa, casi pictórica, de lo que su ojo ve (el mismo autor, a través de uno de sus personajes, confirmará ese interés: «quiero cuidar las palabras, quiero crear un jardín de frases, armonioso y fecundo», así como su pasión por el arte en general); una representación de sonidos (aquí el del agua, más adelante el de la música de Corelli o el de la lengua del Lazio), olores y sensaciones capaces de trasladarnos al interior de la escena; un tema esencial, que es el del amor, presente en muchos de ellos (solo hay que esperar al siguiente, El ático), a veces idealizado tal que «una ensoñación romántica», incluso cuando, como en El beso, no dudamos de que su protagonista sea un pequeño canalla. Y, en buena proporción, un extraño estremecimiento de quimera, de que no todo lo que se nos cuenta sucede, ni de que quienes nos hablan siguen en este mundo (léase, entre otros, Noviembre); de que los distintos planos, los de la realidad y los de la ficción, no encuentran bien delimitadas sus fronteras.

Frente a ello, sin embargo, no faltan en estos textos, muchos de los cuales se desarrollan en nuestra ciudad, que reconocemos en calles, bares y tabernas, sus buenas dosis de inmersión en su vida diaria, de crítica a su «catetez» y provincianismo culturales, de choque con costumbres y defectos (somos tardones y ruidosos, qué le vamos a hacer); el reflejo de ciertos tipos repetidos (para mí que alguno salta de un cuento a otro) entre los que destacan artistas y pseudoartistas, críticos (y pseudocríticos), politicastros con sus camarillas de gente beneficiada y agradecida, periodistas de medio pelo, esnobs recién llegados a no se sabe dónde¸ yuppies de vuelta de no se entiende qué, matrimonios de conveniencia de la corte local, amantes arribistas y/o despechadas, machitos infieles y machistas... Un mundo de ficción creado para ser (pseudo)feliz como el que se nos describe en El cuadro.

Porque el elemento creativo está presente también en todo el libro. Encontramos a sus protagonistas pintando (de los lienzos a veces sale «algo tremendamente inquietante y seductor» que contribuye a crear una atmósfera propia), escribiendo, errando por galerías y exposiciones, dando una vuelta por el Jueves de la calle Feria y el nuevo Soho de la calle Regina, asistiendo al cierre temporal de «la barra empapada de historias, de flamenquerías, de letras soñadas» de La Carbonería, haciendo fotografías, y comiendo y bebiendo; dos artes, el de la gastronomía y el buen vino, que Javier Compás domina y que también quiere compartir con todos nosotros (léase algún párrafo del relato La bodega y el desfile de olores y sabores de La extraña desaparición de un gastrónomo francés, su homenaje a nuestra cocina). Es el caso de La novela, desarrollado todo en un largo diálogo con diálogo incluido (la narración de un encuentro, una historia dentro de otra) en el que, entre otras cosas, se nos habla de la elaboración de personajes y su correlato real, lo que nos hace sospechar que muchos de los que deambulan por este libro también lo son, conocidos del autor, que comparten mundos, gustos y modos de hablar, que son tan verdaderos como el olor a cocido del relato Nariz¸ sus aromas a paraísos perdidos y a pasado, y las calles de fachadas encaladas sembradas de adoquines que recorre en busca de esos tesoros culinarios y ese ambiente único que nos permite saber por dónde (o hacia dónde) vamos y reconciliarnos con el mundo con cierto regusto de nostalgia. Pero, por encima de todo, en cada uno de estos relatos lo que se trasluce es la persecución de algo ¿inmaterial? que nos trasciende, la belleza, y solo por eso merece la pena que entremos en él.

Javier Compás (Sevilla, 1960) es licenciado en Geografía e Historia especializado en Historia del Arte.

Escritor y periodista, comenzó joven a escribir poesía, con la que obtuvo el I Premio Villa de Tomares de Poesía. En narrativa recibió en 2009 el Premio de Literatura Disidente por su novela corta Los últimos caballeros, y en 2010 se publicó su novela La Playa de los Alemanes, que ha contado con dos ediciones.

Como periodista especializado en vinos y gastronomía es colaborador asiduo de diversos medios de comunicación y ha dirigido durante cinco años las páginas gastronómicas del diario sevillano El Correo de Andalucía y la revista Tapas y Viajes.

La sala japonesa y otros relatos

No se encontraron comentarios.

Nuevo comentario

Los libros que leo

Bajamares

Por una vez voy a empezar por el principio: por los paratextos que anteceden esta alucinante y alucinada Bajamares de Antonio Tocornal. Porque si las citas de Rulfo y Cristóbal Serra nos sugieren que habremos de sumergirnos en un tiempo y en un espacio profundamente oníricos, la de Francisco de...
Leer más

Animales del parque

Animales del parque, segundo libro de cuentos de Mila Guerrero, se inicia con unas palabras preliminares de la propia autora sobre lo que habrá de venir. Y, si bien nos avisa de que hablará de padres y madres, de las angustias y sinsabores (junto a, también, la extrema felicidad, todo hay que...
Leer más

Manifiesto por la lectura

El opúsculo Manifiesto por la lectura, del fenómeno literario (entiéndase en el buen sentido) Irene Vallejo, fue concebido como preámbulo de un Pacto por el Libro demandado por el sector. Algo que dice mucho de nuestro país, que haya que incitarnos a sumergirnos en un texto y recordar las múltiples...
Leer más

La forastera

Que la protagonista de la narración va a ser una mujer enfrentada a un problema (¿les parece poco la lucha por la supervivencia?) ya lo anuncia el título. Su historia, la historia de Angie, es narrada en primera persona, en un expresivo presente[1] en el que la acompañamos sin darnos cuenta. Con un...
Leer más

La acústica de los iglús

Por circunstancias que prefiero no contar, porque me dejarían en ridículo, no he leído La acústica de los iglús hasta hace unos días. Y, aunque había escuchado magníficas críticas sobre la ópera prima de Almudena Sánchez, que quedó finalista en premios tan prestigiosos como el Ojo Crítico y el...
Leer más

Las voladoras

Conocí a Mónica Ojeda a través de Mandíbula. Y, si bien ya entonces me pareció una solvente novelista, como cuentista me parece algo extraordinario. Ubicada, según ella misma se define, en la línea investigadora del gótico andino, Ojeda nos regala en Las voladoras ocho relatos atravesados por la...
Leer más

Mi niñera fue la bruja Avería

Con Mi niñera fue la bruja Avería nos enfrentamos, más que a un libro de poemas, a una forma de estar en el mundo. Yo diría, más bien, a una forma de expresar el malestar con el mundo, donde su autora dice naufragar pues (y utilizo sus propias palabras), al parecer, «la deriva no termina nunca». Yo...
Leer más

Naturaleza

En un libro, todo debe significar, y las cinco citas elegidas como preludio a Naturaleza, primer poemario de José Iglesias, nos dan muchas pistas de lo que vamos a encontrar en él. Ya aviso que, en contra de lo que anuncia el título, no hay flores ni árboles aquí, ni atardeceres, ni la presencia...
Leer más

Cuaderno de laboratorio

En un documento encontrado en la página web de la Universidad del País Vasco se explica lo siguiente: «Hacer un experimento no se limita a preparar disoluciones y a realizar medidas con aparatos diversos. Cualquier científico está obligado a elaborar un informe escrito de las actividades que ha...
Leer más

Eva mitocondrial

Desde las páginas del prefacio, en el que he tenido el honor de participar, hasta el extenso canto que cierra el libro, el poemario Eva mitocondrial, de la escritora Reyes García-Doncel, que por primera vez incursiona en el género lírico, se plantea como un viaje a la feminidad, que es como decir...
Leer más