La huella de las ausencias. Un relato sobre Walada

«Recuerdo que los años después de tu muerte deseé en ocasiones la mía sólo para poder encontrarme contigo en el paraíso».

Con estas palabras empieza la narración de Walada, y es mucho lo que en ese instante se abre ante nuestros ojos: además de la voz singular y poética de la instruida y orgullosa princesa omeya lamentando sus ausencias (la del amado Ibn Zaydún, pero también la del padre, y la de un mundo a medio derruir: «la Córdoba que todos idolatrábamos y mitificábamos y a cuya decadencia asistiríamos»), la realidad palpable de ese espacio-tiempo tan distinto al nuestro salvo quizás en una cosa: la conciencia de que el cultivo de la poesía y el conocimiento, de que la educación, son armas inefables para enfrentarse al difícil combate de la vida.

Nos encontramos ante una mujer singular de la que se conservan realmente pocos datos y menos escritos, apenas nueve poemas que nos esperan pacientes en el apéndice final. Posiblemente porque muchos de sus versos sirvieron, delicadamente bordados, de efímeros adornos de sus mantos y sus vestidos, tal como se recoge en la segunda parte de este hermoso tratado de soledades.

Sin embargo, a través de estas páginas, de sus cinco partes como delicados pétalos de un jazmín, la poeta Míriam Palma reconstruye no tanto una vida, con sus avatares, su evolución y sus decepciones, sino una sólida y bien definida personalidad.

Y ese es uno de los elementos que más admiro de esta obra (y no es el único), cómo la autora es capaz de trasladarnos, en una consistente ensoñación poética de exquisita y exacta factura, a la Córdoba del siglo XI sin que sintamos extrañeza; cómo el discurso de esa mujer singular, que invoca al poeta muerto pero también a todos nosotros (esas llamadas de atención mediante el uso de la segunda persona nos mantienen atentos, involucrados, como un personaje más de la historia que tuviera acceso a su zaguán), se desgrana con solvencia y sin escollos hasta dibujárnosla en todas sus facetas y etapas de la vida, desde su orgullosa y desafiante juventud marcada por un sentimiento de superioridad y de menosprecio hacia su entorno («en ocasiones llegué a sentir una especie de perverso gozo al saberme enjuiciada por ésos a los que yo consideraba sólo como insulsos, necios y envidiosos») hasta la calma de sus últimos años, momento en que se decanta por enseñar e incluso crear una escuela para mujeres; algo que, desde nuestra mentalidad y nuestros escasos conocimientos sobre la época del califato, nos resulta extraordinario, sorprendente.

Es verdad que es su condición aristocrática la que la coloca en una situación de privilegio. Sin embargo, «No era un mundo fácil aquél en el que estaban cerradas tantas puertas», y, aun así, la protagonista de esta ficción histórico-poética, que «Embelesada escuchaba los pormenores de las gestas de aquéllos que tenían permiso para ser grandes», consigue, por encima de todo, batallar y mantener su independencia, su libertad, sus «sueños de hombre», hasta que poco a poco va comprendiendo y aceptando su propia identidad, cuando aprende a quitarse «el fino velo que, pese a todo, había llevado sobre mi cuerpo y mi mente. Ese velo que, en mi caso, impedía no el ser vista, sino realmente poder ver», y eso la convierte en alguien único y sabio.

En ese punto, ya en la última parte del libro, se abre paso un pequeño tratado o defensa feminista, así como una declaración, esa a lo largo de todo el relato, de su vocación poética, pues «la escritura seguía prometiendo ser el mejor modo que tenía para resarcirme de las pérdidas, […], el único modo para lograr que mi corazón perdonara y encontrara un poco de calma».

Para mí que esa última manifestación, más que de Walada, es de una autora completamente enamorada de su personaje, pero aún más convencida de su lugar en el mundo: el de la defensa de la palabra, el amor por la escritura (qué hermosos los fragmentos en que se nos habla del placer del aprendizaje), la extensión del conocimiento y la convivencia de todos los mundos posibles. También el de la ficción y la realidad, a veces separados por un «enorme abismo».

Pues, esperando que exista «un parnaso para los amantes poetas», donde en un futuro muy lejano se reencuentren las dos protagonistas de esta reseña, solo me queda recomendar la lectura de La huella de las ausencias, todo un lujo para el corazón y los sentidos.

Elena Marqués

Míriam Palma (Miranda de Ebro, 1963) es profesora titular de Filología Alemana en la Universidad de Sevilla. Su investigación se centra en las relaciones entre identidad, corporalidad y escritura. En el ámbito de la creación literaria, la primera edición de La huella de las ausencias. Un relato sobre Walada aparece en 2010. Ha publicado los poemarios Ruidos. Silencio. Ruidos (Sevilla, 2012) y Exilios. Hacia el azul (Sevilla, 2015).

La huella de las ausencias. Un relato sobre Walada

La huella de las ausencias

Preciosa reseña, ha de ser un personaje hermoso y muy bien construido.

Re: La huella de las ausencias

Te lo recomiendo encarecidamente. Lo vas a disfrutar.

Nuevo comentario

Los libros que leo

No entres dócilmente en esa noche quieta

No sé si adentrarse en un autor con tan larga trayectoria a partir de su última publicación sea lo más adecuado. Ignorar su obra anterior, la que lo ha conducido hasta aquí, priva de herramientas para conocerlo, para contextualizarlo, para analizarlo. Sin embargo, sospecho que este No entres...
Leer más

El loco de la calle

Con Sevilla como protagonista, inmortalizada en un barrio popular en torno a una inexistente pero simbólica plaza Cervantes (quién sino el creador del más insigne cuerdo de la literatura para presidir estas narraciones) que se extiende, como un pequeño y universal microcosmos, bajo un mismo cielo,...
Leer más

Keith Landdon. Memorias no autorizadas

Entre las últimas novedades literarias, donde siempre se cuela algún texto primerizo que jamás debería haberse publicado, he tenido la enorme fortuna de encontrarme con Raül Vaca Rey y su Keith Landdon. Memorias no autorizadas; una novela sincera, innovadora, arriesgada, tanto en su formato como en...
Leer más

Ai(m)ée

Tras la imagen del mudo grito que preside la cubierta del libro, diseñada por el mismo Florencio Luque quién sabe si para retratar a la protagonista de este poemario, se reproduce el quejido en sí de la voz poética: un soliloquio ante el oído del psicoanalista en que el lector quisiera convertirse....
Leer más

Secreta luz

Treinta poemas. Treinta poemas bastan para comprobar que Victoria León no solo domina la poesía y conoce la tradición poética (el ritmo clásico de endecasílabos, heptasílabos y alejandrinos, así como las referencias a Dante en el título de uno de los poemas, más otras alusiones grecolatinas en...
Leer más

Los ojos vendados

Con Los ojos vendados inicio mi aproximación a la escritora estadounidense Siri Hustvedt. Se trata, además, de su ópera prima, publicada en 1992 y reeditada recientemente por Seix Barral. De hecho, algunos elementos con los que he tropezado en su lectura me parecen un poco bisoños (detecto cierto...
Leer más

El año de la luna azul

Tras Cartas a Siracusa (Arcopress, 2015), Lucía Feliu regresa a la escena literaria con un nuevo thriller que nos sumerge en una acción trepidante desde las primeras líneas. De hecho, comienza Feliu la narración in media res, en un punto especialmente intrigante en el desarrollo de la historia,...
Leer más

La memoria donde ardía

Aunque la cita de Antonio Porchia «Quien ha visto vaciarse todo, casi sabe de qué se llena todo» precede al primero de los cuentos de La memoria donde ardía (Páginas de Espuma, 2019), bien podía servir de frontispicio al corpus completo del último libro de Socorro Venegas; un volumen atravesado por...
Leer más

Áspera seda de la muerte

Que vamos a adentrarnos en una «historia sobre mujeres» lo anuncia el escueto preámbulo con que se inicia el último libro de Francisco Gallardo, Áspera seda de la muerte, obra con la que obtuvo el XXI Premio de Novela Ciudad de Badajoz, así como que se nos recluirá en un espacio amurallado (buena...
Leer más

Sobre los huesos de los muertos

Resulta difícil juzgar a un autor, en este caso autora, por una sola obra. Especialmente cuando a dicha autora acaban de concederle el premio Nobel y, aunque la novela tiene sus muchos puntos encomiables, tampoco te parece perfecta. También cuando, leyendo lo que se dice de ella (me refiero a Sobre...
Leer más