La esclavitud de las mujeres

En estos tiempos que corren, en los que, desgraciadamente, aún es preciso luchar por la igualdad real entre los géneros, la editorial sevillana Triskel recupera el ensayo La esclavitud de las mujeres, escrito por el filósofo británico John Stuart Mill en 1869 y traducido por Emilia Pardo Bazán, lo que es garantía de que encontraremos un texto fundamentado en sus razonamientos y comprometido con la realidad.

Por el prólogo de la novelista gallega, que realiza una pequeña defensa-semblanza del autor del tratado, sabemos del interés del pensador por los derechos de las mujeres. Posiblemente su relación con la política (ocupó un escaño en la Cámara de los Comunes), su formación liberal y el influjo de las ideas socialistas tuvieron mucho que ver en su dedicación particular al tema; pero más aún, recuperando el famoso dicho de «detrás de todo gran hombre hay siempre una gran mujer», serían sus años de matrimonio con Harriet Taylor los que con toda probabilidad lo llevaron al convencimiento de la gran injusticia histórica cometida para con el mal llamado «sexo débil» al ser consciente de que las altas capacidades de quien fuera durante muchos años amiga y después esposa se vieron reducidas al ámbito privado solo por su condición femenina. Eso sí (y es una demostración del talante especial del filósofo), reconoce que «Las obras mías que ostentan este sello peculiar, no eran mías solamente, sino fruto de la fusión de dos espíritus», lo cual es muy de agradecer, pues bien sabemos cuántos hombres se han aprovechado del trabajo ajeno en distintas áreas del conocimiento sin dejar constancia alguna de ello.

Es cierto que aún habrá ciertas ideas en el tratado que nos resulten retrógradas (la misma traductora lo comenta en el prólogo: «Es imposible estar de acuerdo en todo con ningún libro»), como esa aceptación que late en la tendencia natural de las mujeres al sacrificio y a las tareas de cuidado doméstico y familiar, ese reconocimiento de su especial temperamento, así como sus supuestas facultades intuitivas y prácticas antes que hacia el pensamiento y la abstracción, lo que las «incapacitaría» para determinadas ramas del saber; pero hay que entender el contexto y conceder a la labor de Mill el mérito de ser pionero en la defensa de esa otra mitad de la sociedad sometida a una esclavitud mayor incluso a la de los siervos con respecto a su señor. Y, aunque esta afirmación parezca exagerada, Mill llega a esa conclusión tras estudiar el papel de cada individuo en las comunidades primitivas y constatar lo acendrado e irracional de unas ideas que toman por naturales hechos, aceptados durante siglos sin plantearse el porqué, escudándose en un bien común que no es sino el de una parte de la sociedad a la que le resulta difícil renunciar a sus privilegios de poder.

Mill conoce a priori las dificultades que encontrará en derribar tan recias barreras desde el momento en que constata que esos privilegios del hombre sobre la mujer se extienden a todas las clases sociales y a muchas culturas diferentes, y que se basan en dudosos valores como la fuerza y el temor, lo que impide una sana relación de confianza, deseable, por ejemplo, en el matrimonio, al que dedica sus buenas páginas. Resulta, sobre esto, perturbador algún párrafo como el que sigue: «La mujer es la única persona (aparte de los hijos) que, después de probado ante los jueces que ha sido víctima de una injusticia, se queda entregada al injusto, al reo», en el que resuenan noticias actuales que nos siguen indignando y que concluyen casi del mismo modo: «Por eso las mujeres apenas se atreven […] a reclamar la acción de las leyes que intentan protegerlas; y […] no tardan en hacer cuanto es posible por ocultar sus miserias, por interceder en favor de su tirano y evitarle el castigo que merece».

Por supuesto, una de las causas de este desequilibrio las encuentra en el enfoque dado a la educación de la mujer, encaminada al sometimiento, a la abnegación; a vivir para los demás; a no expresarse con libertad para no molestar con sus opiniones, pues así lo quiere «su naturaleza». En definitiva, a no elegir sobre su propia vida, que es un derecho moral. Al menos de los hombres.

La cuestión es, para Mill, cómo desbaratar esa creencia, que no es sino un artificio, después de haber derribado otras antiguallas del pensamiento; cómo es que encaja en el mundo moderno, en que el hombre «ya no nace en el puesto que ha de ocupar durante su vida», el hecho de que la mujer continúe conservando su lugar en desventaja por muchas aptitudes que manifieste (aunque la mayoría de las veces no tomará conciencia de que las posee por no tener posibilidad de ponerlas en práctica ni tiempo tasado para el estudio y la formación, por lo que «todo cuanto hace la mujer lo hace a ratos perdidos») para otros quehaceres fuera de los asignados por tradición, educación y conveniencia.

Para terminar, se permite, con cierta ironía, frases como esta: «no se debe sentar el principio de que la experiencia se ha declarado en favor del sistema existente. La experiencia no ha podido elegir entre dos sistemas, mientras no se haya puesto en práctica sino uno de ellos», así como recordar que «El amor de la gloria en el hombre es alentado y recompensado ampliamente» mientras «el deseo de fama se toma en la mujer como descaro y osadía»...

En fin, poco más que añadir, salvo que, de nuevo como hoy, reconoce el filósofo que la lucha de las mujeres por esa igualdad real ha de contar obligadamente con el apoyo, o más bien la lucha conjunta, de los hombres, convencidos y preparados para esta «aceptación» y esta labor. Y me da la impresión de que incluso los más optimistas cabecearán escépticos por un tiempo.

Elena Marqués

John Stuart Mill (Londres, 1806-Avignon, 1873), ensayista conocido por obras de temas económicos, políticos y sociales, escribió, entre otras, Principios de economía política, Sobre la libertad y Consideraciones sobre el gobierno representativo. Con La esclavitud de las mujeres se convierte en pionero de la defensa de la mujer en la participación en las cuestiones civiles.

 

La esclavitud de las mujeres

La esclavitud de las mujeres

Me encanta cómo escribes, pero tanto o más me gusta cómo lees. Gracias por tus aportes siempre estupendos. Muy feliz año 2019, en el que la inspiración, las ganas y el trabajo no te falten.

Nuevo comentario

Los libros que leo

Eva mitocondrial

Desde las páginas del prefacio, en el que he tenido el honor de participar, hasta el extenso canto que cierra el libro, el poemario Eva mitocondrial, de la escritora Reyes García-Doncel, que por primera vez incursiona en el género lírico, se plantea como un viaje a la feminidad, que es como decir...
Leer más

El mar, el mar

Me sumerjo en El mar, el mar tras la lectura de un breve y subjetivo prólogo de Álvaro Pombo en el que nos explica su descubrimiento de Iris Murdoch y, por medio de su obra, de la realidad de su país. Algo que puede resultar extraño no solo porque conocer la realidad a través de la ficción apunta a...
Leer más

Diles que son cadáveres

Que un libro conduce a otro por alguna mágica relación es una afirmación incontestable. Yo, después de conocer Irlanda de la mano de Javier Reverte, me he visto abocada a viajar de nuevo por ese país y, a través de una recomendación amiga que llegaba desde México, a leer a este escritor veracruzano...
Leer más

Canta Irlanda. Un viaje por la Isla Esmeralda

Cuando alguien pronuncia el nombre de Irlanda, lo primero que me viene a la cabeza es el deambular de Leopold Bloom por los barrios de Dublín con una patata en el bolsillo. Que me asalte una referencia literaria antes que un paisaje o un olor específicos puede que se deba a que, desgraciadamente,...
Leer más

La España vacía

Que uno escriba un libro y el título que elige de encabezamiento acabe por acuñarse para describir una realidad, nada más y nada menos que para nombrar a un país dentro de otro país, debe darte un subidón como autor. Lo importante, creo yo, es que el término no termine por mal utilizarse; y que,...
Leer más

Los mejores días

No recuerdo ahora quién dijo, a mediados del siglo XX, en un momento en que se cuestionaba el futuro de la novela, que, mientras existiera la familia, dicha fórmula narrativa seguiría presente. Que esta es fuente primera de inspiración lo confirma Magalí Etchebarne en Los mejores días, pues, aunque...
Leer más

1922

Parece que hace una eternidad cuando, en el cinquagésimo primer encuentro de la Tertulia Gastro-literaria El Caldero, tuvimos la suerte de conocer a Isaac Páez a través de su novela Nowhere man (Ediciones En Huida, 2017), con la que, por cierto, fue finalista en 2014 del prestigioso Premio...
Leer más

Los relatos del padre Brown

Dejar que se asome a esta ventana del siglo XXI una figura tan anacrónica como la del padre Brown, el famoso curita-detective de Essex creado por Chesterton, puede resultar extraño; pero es que, angustiada como me sentía a veces por el confinamiento y las malas noticias, me he visto impelida a...
Leer más

Otra vida por vivir

No recuerdo si había leído alguna crítica sobre Otra vida por vivir, de Theodor Kallifatides, o, como por arte de magia, apareció el libro entre esas recomendaciones que se te ofrecen por el mero hecho de andar siempre curioseando por los estantes virtuales de internet. La cuestión es que he...
Leer más

El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo

De vez en cuando, entre ficción y ficción, resulta conveniente volver los ojos a la realidad. Porque esta, como siempre, y según reza el dicho, suele superar a aquellas. Así, la lectura de El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo, el amenísimo estudio de Irene Vallejo...
Leer más