Generación Subway. Volumen VII. Homenaje a Virginia Woolf

El viernes, 11 de marzo, se presenta en El Ejido (Almería) una nueva antología de la editorial Playa de Ákaba, en la que tengo el honor de estar presente. En este caso la figura elegida en torno a la que giran relatos y poemas no es otra que Virginia Woolf, de la que todo lo que se diga es poco. Y su estreno en esta semana en que se celebra el Día de la Mujer, en que proliferan los actos reivindicativos y se recuerda a científicas, filósofas, escritoras, artistas... que han sido olvidadas durante mucho tiempo por su condición femenina, resulta bastante adecuado.

A la inglesa del círculo de Bloomsbury todo el mundo la conoce. Más aún a partir de los años setenta, cuando fue en cierto modo abanderada por el movimiento feminista, especialmente por su ensayo Una habitación propia, donde examina las dificultades que las escritoras e intelectuales tienen que afrontar ante el poder legal y económico de los hombres y el futuro de las mujeres en la educación y la sociedad. Ella misma, reconocida como una de las grandes novelistas del siglo xx y una de las más destacadas figuras del modernismo; que junto a su marido fundó la editorial Hogarth Press, donde se publicó la obra de la propia autora y de escritores como Katherine Mansfield. T. S. Eliot o Sigmund Freud; que demostró su solvencia con la pluma apartándose del realismo imperante e introduciendo el flujo de conciencia en obras como La señora Dalloway o Las olas, no pudo ir a la escuela como lo hicieron los chicos de la familia (aunque recientemente se ha descubierto que tanto ella como su hermana Vanessa asistieron al Departamento de Mujeres del King's College. Pero ya se ve: un centro solo de mujeres).

En fin, no quiero alargarme. Solo dar a conocer este volumen, el VII ya de la denominada Generación Subway, en el que participan Iván Baeza, M.ª Carmen Callado, Isabel Dionis, Ignacio J. Dufour, Carmen García Navarro, Concha García Ros, Luisa Gil, Elena González García, Miguel Herranz, Javier Irigaray, Amelia Ester Landa, Ángel Lara, Paco López Hernández, Maese Josman, Miguel Martínez Larráyoz, Josefa Molina, Rosa Montolío, Inés Moreno, Gabriel Neila, Paqui Ortega, Josep Piella, Mar de los Ríos, Mónica Sánchez (que es, además, la editora literaria y que presentará también en esa jornada su novela El boli de firmar libros, segunda parte de la trilogía que comenzó con Vivir del cuento), Encarnación Sánchez Arenas, Juan Manuel Sánchez Moreno, Rosa Sánchez de la Vega, Daniel Sarasola, José Torres y una servidora, que colabora con un relato llamado El barredor de Elvedon, del que os dejo este pequeño adelanto. Espero que os guste.

«El sol pinta de rojo el firmamento, lo cubre con las ramas del grosellero de nuestros días juveniles. Intento terminar estas páginas a la luz incierta del crepúsculo. Veo en la orilla a una mujer que conozco, el pelo dividido en dos y recogido en un moño bajo, el abrigo cargado en los bolsillos de un dolor que quizás me corresponde. Yo soy tal vez ella, como soy cada uno de esos hombres a los que conocí, a los que intenté rescatar del olvido con mis cuentos y mis poemas dulces.

Desde mi puesto en la ventana vigilo su silueta. Detenida en la orilla, vacila unos instantes. Con temor espero que se introduzca en las aguas, que la luz deje de iluminarla y ya no exista.

Sé que debería levantarme de esta mesa donde todo es sencillo e impedírselo. Dar un golpe a la taza del té y a la pluma que devana aquel cuento de Elvedon donde un jardinero barre eternamente las hojas de los árboles y una mujer escribe con piedras en los bolsillos antes de encaminarse hacia las olas.

Yo también moriré, también la marejada mecerá mi cuerpo y mi abrigo y mi pelo gris como si fueran algas desgajadas del lecho de un estanque. Yo también callaré cuando concluya ese relato sobre un hombre degollado bajo un manzano. Las flores que le cayeron sobre el pecho quedaron empapadas de su sangre como el cielo que descubro tras los cristales entre las ramas paralelas de las hayas. Con ese muerto innecesario pondré fin a este manuscrito y me sentaré a esperar. Leeré de nuevo cada página, donde se habla de la India, de mujeres que tienden la ropa, de amantes en buhardillas que se separan y hembras que paren niños y caminan por entre los sembrados. Todo eso es tan verdad como la noche que diluye los contornos de la casa, como el cielo que cae sobre la silueta del abrigo, que estará allí cuando de nuevo el día se levante porque ella no es quien ella piensa...»

Elena Marqués

 

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