Exorcismos

El jueves 24 de octubre, bastante más allá de las 19:30, con la no-puntualidad que suele caracterizar este tipo de actos, tuvo lugar en la Sala El Cachorro de Sevilla la presentación del libro de relatos Exorcismos, publicado bajo el sello editorial Extravertida en la colección Le Petit Nouvelle.

Se me podrá reprochar que no soy objetiva a la hora de hablar de José Luis Ordóñez y su quehacer literario. También, que alguien que prologa y presenta una obra quizás no debería reseñarla.

Es verdad que muchas de las cosas que voy a comentar aquí ya las dije en Triana, en conversación con el autor y María Limón, excompañera de Radiópolis, que no de lecturas. Pero, citando a Cayo Tito ante el Senado romano, Verba volant, scripta manent, así que voy a dejar en esta ventana algunas líneas para quienes no acudieron a tan peculiar puesta de largo. O acudieron, pero se dedicaron a tomar una cerveza en la barra. Tampoco los culpo.

Exorcismos está formado por veinte relatos que, dominados por una realidad indefinida y turbadora, y partiendo en su mayoría de un hecho en apariencia bizantino, desembocan en un final tan poco feliz como impactante, pues, aprovechando una de las frases del autor, «cuando el equilibrio se rompe entramos en el terreno del caos: cualquier cosa puede suceder». Y, en este caso, sucede. Porque estos relatos están escritos no solo con el propósito de crear una obra literaria, que también, sino, sobre todo, para hacernos pasar miedo, o al menos inquietarnos.

Ambientados en su mayoría en lugares reales, conocidos, cercanos, que podíamos hasta ahora considerar amigables y seguros (deambulamos entre Granada y aledaños; Praga, escenario del rodaje de una película, pues no podía el autor dejar fuera de este libro su otra gran pasión; Sevilla; la Ribeira Sacra; Tokio; Huelva y el Parque Nacional de Doñana, Asturias...), nos enfrentamos a escritores dominados por aquello que escriben (porque la escritura, la literatura, para Ordóñez, tiene algo, o mucho, de locura o de enfermedad), directores de cine que no controlan todo lo que quisieran, relaciones conflictivas de pareja, epidemias apocalípticas informes, terribles venganzas a muy largo plazo, asesinatos sin motivo aparente y otros muy motivados, fantasmas que dominan casas y semáforos, atracciones de feria en las que la magia es tan real como peligrosa, licántropos, vampiros..., confirmando, como reza la famosa cita de Paul Éluard, que «hay otros mundos, pero están en este», y que en cualquier espacio pueden aparecer los personajes ordoñecianos y ponerse en acción.

Y todo ello contado con la frescura que lo caracteriza, pues José Luis controla como nadie (no sé si por sus incursiones en el teatro) el arte del diálogo, y este llena buena parte de los relatos a través de voces muy bien trazadas, con los registros adecuados a cada personaje, a los que deja hablar y explicarse, contarse a sí mismos; y demostrando su absoluto dominio de los mecanismos, nada fáciles, de la intriga, midiendo a la perfección las palabras, tras las que se oculta la verdad de lo que ocurre, hasta revelarla en el momento oportuno.

Y lo hace, además, con muchos guiños a algunos autores maestros en el arte del terror y del misterio, con la sombra siempre presente de Poe, junto a la de Arthur Conan Doyle o Chesterton; pero también rindiendo homenaje a series contemporáneas y a textos clásicos como Las mil y una noches, con ese escritor encerrado por el mismo Poe que debe crear buenas historias para que su secuestrador lo mantenga con vida (como deja intuir en varios de sus cuentos, escritura y vida terminan siendo lo mismo). Y, por supuesto, se palpa la presencia del cine, del género distópico y de esa ciencia ficción que es para él otra fuente de inspiración.

Pues bien, con todas estas referencias metaliterarias, en las que no faltan motivos autorreferenciales, son muchas las veces en que el lector queda absolutamente confundido en esa maraña entre la realidad y la invención. De hecho, son sus personajes los primeros que se sienten turbados, con lo cual nos identificamos fácilmente con ellos, que es de lo que se trata, pues una de las funciones del buen escritor es hacernos vivir la ficción como verdad, hacernos creer que somos nosotros los que deambulamos por sus páginas.

Por último, no podemos olvidar que el género negro, al que pertenecen algunos de estos relatos, no es solo mero narrar de enigmas que se resuelven, como tampoco las distopías cuentan historias más o menos imaginativas sobre el futuro. Siempre suele haber una crítica social latente, a la que en este caso Ordóñez no ha querido desatender. Todo ello hace que podamos afirmar que, en el formato breve del cuento, en eso de narrar en muy corto espacio toda una historia, y una historia que trascienda a la mera anécdota, Ordóñez se erige en un experto.

Así que solo puedo recomendar, y más a las puertas de noviembre, nuestro mes más ¿tétrico?, que suméis, a la lectura del clásico Don Juan Tenorio, este libro de Ordóñez. Ah, y el visionado de Coco (Pixar, 2017). No os arrepentiréis.

O quizás sí.

Elena Marqués

José Luis Ordóñez (Sevilla, 1973), filólogo, escritor, guionista, editor, autor y director de cortometrajes, ganador de varios premios literarios, ha publicado, entre otras, la novela negra Madera podrida con clavo oxidado (M.A.R. Editor, 2013), Los desertores de Oxford Street (Algaida, 2018) y la recopilación de obras de teatro De humanos y otros monstruos (El Sendero, 2016).

 

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