Escribir o no escribir

Acabo de leer La ilustre casa de Ramires, de Eça de Queiroz, por una necesidad de apostar sobre seguro. Me pueden tachar de antigua. Desde luego el personaje y el estilo lo son, y narra una historia de ambiciones y rancia nobleza que puede interesar poco (esto último, porque lo primero está a la orden de día) a quienes hoy nos lanzamos a narrar como si fuéramos los primeros en hacerlo sobre la tierra. Como si la literatura naciera con nosotros.

Esta es una conversación que he mantenido a menudo con amigos de las letras. Todo el mundo escribe hoy. Porque escribir sale barato. Un ordenador, acceso a Internet para el asunto espinoso de la documentación (hay quienes ni en eso se molestan), y ahí va un libro. A veces ni siquiera precisa de nueve meses para gestarlo, y, en consecuencia, el parto se advierte prematuro.

Por supuesto que en ocasiones el resultado tiene cierta calidad, aunque en otras sería mejor que al menos solo apareciera en formato electrónico para no talar árboles en vano. Pero observo una característica común que es la de ignorar por completo a los maestros aduciendo, por ejemplo (las excusas pueden ser tan variadas como individuos pueblan este planeta), que se pretende la originalidad y se intenta eludir la espuria influencia de otras voces. Yo solo veo en eso cierta pereza, mucha ignorancia y un exceso de vanidad. Las proporciones varían según el sujeto. El predicado suele ser bastante abstruso.

Tengo entendido que siempre se aprende por imitación. De hecho, en los talleres literarios, se hacen muchos ejercicios de ese tipo, y como tales deben entenderse, como actividades de aprendizaje para ir adentrándose en las distintas formas de contar, conociendo los tipos de narrador, qué se puede describir con uno, qué ha de confesarse por medio de otro… En esa senda serán muchos los errores, y el mejor camino para detectarlos es adquirir la capacidad crítica para distinguir lo bueno de lo malo, lo original de lo manido; algo que es imposible si no hay lecturas previas. La famosa frase de Borges, que ya nadie escucha precisamente porque se ha escuchado demasiado, sigue estando vigente. «Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído».

Y, buscando la literalidad de esa sentencia, me he encontrado con otra del bonaerense inmortal, aunque no aparece la fuente, así que igual es solo una atribución, pero que me viene también al pelo: «La Universidad debiera insistirnos en lo antiguo y en lo ajeno. Si insiste en lo propio y lo contemporáneo, la Universidad es inútil, porque está ampliando una función que ya cumple la prensa».

Tendemos a dar por terminadas las etapas, por olvidar la Historia (otro gran error obvio, pues solo de ella se aprende para no tropezar en las piedras de siempre), por rechazar a los clásicos cuando si son calificados como tales es por algo: porque ellos, a diferencia de nosotros, nunca morirán, seguirán enseñándonos sobre el hombre y su naturaleza, que para eso, entre otras cosas, sirve la literatura, si es que, como el resto de las artes, ha de tener alguna utilidad o, como diría Saramago preguntado sobre el tema, «La literatura no sirve para nada».

Pero no voy a meterme en esas controversias porque es algo sobre lo que no tengo una opinión clara. Yo, personalmente, a veces busco en los libros evasión; en contadas ocasiones, conocimiento; en otras, autoconocimiento; o inspiración, o explicación, o viajar (en el espacio o el tiempo) sin moverme de casa, o ejercitar mi imaginación, que siempre ha ido por libre…; pero en todo momento espero encontrar un texto correctamente escrito que no me provoque ganas de arrancarme los ojos. Con toda sinceridad digo (aunque eso me haga ser menos popular de lo que ya soy) que tal maltrato lingüístico me parece una falta de respeto a algo tan grande como es el idioma, y, en menor medida, para el lector, que está dispuesto a gastar sus dineros y su tiempo en algo al menos elaborado, documentado y con líneas que merezcan la pena.

Para terminar, tomo prestada una frase de Alejandro Luque, al que ando leyendo ahora, que también me viene al pelo: «Uno se cree que el mundo no puede vivir sin su verso y sin su prosa, y el mundo te devora o, en el mejor de los casos, te ignora sin más».

Pues eso. Que no pasa nada si no escribimos tanto. Que está bien como expresión personal, pero para eso siempre han existido los diarios. Y conseguir el aplauso hoy no nos asegura que nos recuerden mañana.

Elena Marqués

Escribir o no escribir

No se encontraron comentarios.

Nuevo comentario

Los libros que leo

La acústica de los iglús

Por circunstancias que prefiero no contar, porque me dejarían en ridículo, no he leído La acústica de los iglús hasta hace unos días. Y, aunque había escuchado magníficas críticas sobre la ópera prima de Almudena Sánchez, que quedó finalista en premios tan prestigiosos como el Ojo Crítico y el...
Leer más

Las voladoras

Conocí a Mónica Ojeda a través de Mandíbula. Y, si bien ya entonces me pareció una solvente novelista, como cuentista me parece algo extraordinario. Ubicada, según ella misma se define, en la línea investigadora del gótico andino, Ojeda nos regala en Las voladoras ocho relatos atravesados por la...
Leer más

Mi niñera fue la bruja Avería

Con Mi niñera fue la bruja Avería nos enfrentamos, más que a un libro de poemas, a una forma de estar en el mundo. Yo diría, más bien, a una forma de expresar el malestar con el mundo, donde su autora dice naufragar pues (y utilizo sus propias palabras), al parecer, «la deriva no termina nunca». Yo...
Leer más

Naturaleza

En un libro, todo debe significar, y las cinco citas elegidas como preludio a Naturaleza, primer poemario de José Iglesias, nos dan muchas pistas de lo que vamos a encontrar en él. Ya aviso que, en contra de lo que anuncia el título, no hay flores ni árboles aquí, ni atardeceres, ni la presencia...
Leer más

Cuaderno de laboratorio

En un documento encontrado en la página web de la Universidad del País Vasco se explica lo siguiente: «Hacer un experimento no se limita a preparar disoluciones y a realizar medidas con aparatos diversos. Cualquier científico está obligado a elaborar un informe escrito de las actividades que ha...
Leer más

Eva mitocondrial

Desde las páginas del prefacio, en el que he tenido el honor de participar, hasta el extenso canto que cierra el libro, el poemario Eva mitocondrial, de la escritora Reyes García-Doncel, que por primera vez incursiona en el género lírico, se plantea como un viaje a la feminidad, que es como decir...
Leer más

El mar, el mar

Me sumerjo en El mar, el mar tras la lectura de un breve y subjetivo prólogo de Álvaro Pombo en el que nos explica su descubrimiento de Iris Murdoch y, por medio de su obra, de la realidad de su país. Algo que puede resultar extraño no solo porque conocer la realidad a través de la ficción apunta a...
Leer más

Diles que son cadáveres

Que un libro conduce a otro por alguna mágica relación es una afirmación incontestable. Yo, después de conocer Irlanda de la mano de Javier Reverte, me he visto abocada a viajar de nuevo por ese país y, a través de una recomendación amiga que llegaba desde México, a leer a este escritor veracruzano...
Leer más

Canta Irlanda. Un viaje por la Isla Esmeralda

Cuando alguien pronuncia el nombre de Irlanda, lo primero que me viene a la cabeza es el deambular de Leopold Bloom por los barrios de Dublín con una patata en el bolsillo. Que me asalte una referencia literaria antes que un paisaje o un olor específicos puede que se deba a que, desgraciadamente,...
Leer más

La España vacía

Que uno escriba un libro y el título que elige de encabezamiento acabe por acuñarse para describir una realidad, nada más y nada menos que para nombrar a un país dentro de otro país, debe darte un subidón como autor. Lo importante, creo yo, es que el término no termine por mal utilizarse; y que,...
Leer más