Encuentros afortunados

La semana pasada fue muy intensa. A las tareas habituales del trabajo (y otras no tan habituales de las que es mejor no hablar) había que sumar una escapada a la Feria del Libro de Trujillo, a la que fui invitada por sus organizadores a través de Antonio Burillo, de Tau Editores, con quien presenté el libro del que hablamos hace poco desde esta misma ventana.

He de contar que me sorprendió agradablemente la afluencia de público tratándose de un miércoles, cuando, por ejemplo, por lo que tengo más cercano, esto es, la ciudad que me habita (léase Sevilla), a mediados de semana la actividad decrece, y repunta hacia el viernes o cuando se anuncia en los carteles algún personaje de cierto renombre. En Trujillo la gente se concentra desde temprano en el majestuoso espacio de su plaza mayor; deambula entre sus casetas, cada año más numerosas; y llena la carpa hasta no dejar un sitio libre. Pregunta a los autores, escucha con atención… Digamos que pasa la tarde allí como si se tratara de una verdadera fiesta que hay que aprovechar antes de que toque a su fin.

Igualmente atentos estuvieron los alumnos de los distintos institutos (a mí me acogió el Francisco de Orellana) al que acudimos los escritores la mañana siguiente a hablar de la creación literaria, a ponernos a disposición de los jóvenes y animarlos al viaje de las letras. Me pareció una actividad preciosa que deberían intentar reproducir en otras ferias. Y a eso, desde estas líneas, invito a quien corresponda.

Pepe Cercas e Isabel Blanco con José M.ª del ÁlamoPero, antes de pasar a otra celebración, en esta ocasión en el vecino Tomares, quiero felicitar al poeta Pepe Cer cas por su labor incansable por la poesía y por la cultura. Sé que sin él y sin Isabel Blanco la Feria del Libro de Trujillo no sería lo que es, lo que ha llegado a ser. Imagino el trabajo que conlleva, las noches de preocupación, el cansancio, y en nombre de quienes hemos tenido la suerte de pasear a la sombra de Pizarro os quiero dar las gracias y animaros en todo lo que emprendáis. Siempre saldrá algo bueno.

Como también agradezco a la poeta Ana Isabel Alvea, profesora maravillosa que traza poemas y derrama ternura por donde pasa, su invitación a leer versos en la novena edición de la Feria del Libro de Tomares, siempre al amparo de Martín Lucía y Ediciones en Huida, pues no solo me ha permitido que se escuche mi voz entre la algarabía de niños y música (da una gran alegría que el público más pequeño se interese por todo lo que allí se desarrollaba), sino porque así he podido también conocer a otras estupendas poetas, Gloria Sánchez y María Fernanda Trujillo, a las que espero volver a encontrar en mi camino.

Y qué decir del segundo encuentro propiciado por Lola Almeyda en su Sotiel natal. El espacio ya era inspirador; la figura que nos convocaba, difícil de igualar: Gloria Fuertes. Se derramaron sus versos, siempre vivos, pues estoy segura de que muchos llegaron a la poesía a través de su voz.

Por eso quiero acabar esta entrada con uno de sus poemas y con el deseo de que su nombre (al del poema me refiero; el de la autora, aunque parece que algunos no se acuerden de ella, se ganó su puesto en el pódium de la Gloria merecidamente hace ya años) se llegue algún día a escribir con mayúsculas.

Gracias a todos los que han hecho de esta semana una experiencia inolvidable.

Elena Marqués

PAZ

¿Qué pasa con el pueblo palestino?

(Os juro que no entiendo de política.)

Las armas son modernas;

las heridas, antiguas.

(Os juro que no entiendo..., sólo sufro.)

Se habla de «humanizar la guerra».

¿Cómo poder humanizar lo ya inhumano,

o cómo hacer del cáncer un adorno en la piel?

Gloria Fuertes

 

Encuentros afortunados

encuentros afortunados

De todo lo leído, casi, casi, lo que más me gusta es ver el nombre de Sotiel incorporado a las etiquetas, con toda la categoría y la belleza que encierra ese nombre. Aunque Trujillo es mucho Trujillo, claro que sí.

Re: encuentros afortunados

Por las fotografías, ya había imaginado que era un pequeño paraíso en la Tierra. Lo pude comprobar personalmente, y espero volver de vez en cuando...

Nuevo comentario

Los libros que leo

Veintidós estaciones

Como si hubiera tenido una intuición (20 son las acepciones que recoge el diccionario académico del sustantivo que da título a esta obra), Lola Almeyda realiza 22 paradas en sus recuerdos, o en los recuerdos de quien, aislada temporalmente para una cura de carácter y/o de malas costumbres...
Leer más

Trampantojo

«Una persona que se siente culpable se convierte en su propio verdugo». Con esta cita (sabia cita) de Séneca se abre la novela de Charo Jiménez Trampantojo, su ópera prima; una historia dentro de otra historia, una narración sobre la construcción literaria como uno de los mejores modos de redimirse...
Leer más

Cartas a Siracusa

Llevo unas semanas febriles en cuanto a actividades y eso me ha hecho postergar el libro mensual de nuestra tertulia prácticamente hasta antes de ayer; sin embargo, al tratarse de una novela con todos los ingredientes de un best seller (en algún momento me ha recordado a los orígenes de Matilde...
Leer más

No vuelvas, Odiseo

Al borde ya del 8 de marzo y de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, llega a mis manos este libro reivindicativo de una figura femenina que deja de ser, por mano de su autor, Antonio Jiménez Casero, parte de una leyenda para convertirse en ser de carne y hueso e ideas y...
Leer más

Raíz olvido

Desde que empecé mis estudios en Filología Hispánica, y mucho antes que eso, cada vez que encontraba un libro que no era capaz de clasificar en un género o de resumir en dos palabras me embargaba la emoción de haber hallado algo de valor, un verdadero objeto artístico. Un tesoro. Una gracia. Es lo...
Leer más

La sala japonesa y otros relatos

Con un sosegado paseo, aún no sabemos si real, por la casa que alberga la sala japonesa que da título a la obra inicia Javier Compás su libro de relatos. En este, el primero de los quince, nos ofrece una pista de lo que encontraremos. Por una parte, una descripción minuciosa, casi pictórica, de lo...
Leer más

Púrpura de cristal

Escribir sobre el sufrimiento, sobre la pérdida, sobre el vacío en el pecho, sobre la herida que nos inflige la muerte, puede ser un mecanismo para seguir viviendo. Más para alguien que cree verdaderamente en la palabra como necesidad y redención (aunque «del dolor no hay / quien nos salve»). Es el...
Leer más

Hasta que sea verano

Conocí (literariamente hablando) a Ignacio Arrabal a través de El rasgo suplementario; obra de difícil calificación, fascinante y distinta, que me descubría una voz poderosa, con un estilo cuidado y exigente, tras la que, estaba claro, se mostraba un autor prometedor y de lecturas amplias, bien...
Leer más

«La memoria rota» o la ley del silencio

Antecedida por un hermoso poema de Zahra Hasnaui, un pequeño prólogo de Luisa Sánchez que nos anuncia la verdad venenosa que significa el desierto («porque una vez lo pisas, jamás desaparece de tu vida») y un prefacio donde se nos presenta a dos de las protagonistas de este «tratado» sobre la...
Leer más

La vuelta al día

Ignora Hipólito G. Navarro lo mucho que nos une. Por lo pronto, una fascinación casi salvaje por Julio Cortázar, a quien descubrí en cuarto de carrera y me acompaña desde entonces y tengo por seguro que hasta el final de mis días. Por eso, al leer el título-homenaje de este nuevo libro del escritor...
Leer más