El ingeniero que no sabía bailar

Hace poco cayó en mis manos la primera novela del periodista Jesús Álvarez Fernández; un relato no tanto basado en un hecho real como en la triste realidad de una crisis económica que ha alcanzado a demasiadas personas y a todos los estamentos sociales. Porque estamos acostumbrados (y, quizás por ello, casi curados de espanto) a que se nos informe del fantasma del paro como algo que les sucede a los otros, una desgracia que generalmente relacionamos con colectivos con poca formación que se han ido manteniendo a base de enlazar empleos precarios; pero cuando es alguien con una licenciatura técnica tan valorada quien se ve concernido por este problema entramos, como quien dice, en un episodio surrealista del que necesitamos rápidamente despertar. De repente nos damos cuenta de que podemos ser, y no solo en la ficción, los siguientes en alimentar las estadísticas.

El ingeniero que no sabía bailar narra la historia de Álvaro, un especialista en automoción que trabaja en una fábrica suministradora de una importante compañía francesa y que se ve obligado a cambiar su vida drásticamente tras su despido.

Así, la primera vez que se nos presenta lo vemos en la cola de un comedor social, en una actitud avergonzada y a la vez soberbia, pues alguien que hasta ahora gozaba de todas las comodidades se encuentra ahora igualado con inmigrantes, músicos callejeros, desahuciados, e incluso un antiguo empleado, Pablo, a quién él mismo despidió sin pensar demasiado en que tras aquel trabajador problemático existía una persona con problemas.

Escrito con sencillez y cercanía, en un estilo ameno, con una estupenda ambientación y reconstruyendo, en pequeños saltos al pasado, los aspectos más importantes en la biografía del protagonista, el libro nos narra no solo una historia de superación, sino de maduración y de cambio. Sus personajes se enfrentan a situaciones adversas, a abandonos, a fallecimientos, a enfermedades; y de todo ello salen fortalecidos. Se convierten en personas distintas, en las mejores versiones de sí mismos.

Pero en este recorrido angustioso situado en las cercanas calles de Sevilla, en el que se plantean otros hechos tan reales como increíbles (por ejemplo, el maltrato a los sintecho y los suicidios por desesperación), existen, además, otros protagonistas que no podemos pasar por alto. Aparte del homenaje que en cierto modo Jesús Álvarez quiere rendir a la orden de San Juan de Dios, a quien dedica el libro y a la que, como él mismo cuenta, al ir a realizar un reportaje sobre ella, sintió el impulso de inmortalizar en una novela, se ofrece un tributo a todas aquellas personas que voluntariamente conceden su tiempo y su trabajo para ayudar, como pueden, a quienes poco pueden hacer; individuos anónimos que, ejerciendo de dentistas, fontaneros, electricistas, psicólogos, etcétera, prestan gratuitamente sus servicios y demuestran que, a pesar de la oscuridad que esconden ciertas almas, no todo está perdido.

He de advertir que la novela es dura, emocionante, crítica; que se denuncia la actitud de una juventud «educada» en el rechazo; que hay momentos tensos en los que asoman las lágrimas; instantes en los que parece que se ha tocado fondo y que no queda ya nada más que abandonarse. Sin embargo, creo que no es intención del autor sumirnos en la desesperanza, sino poner el foco en el Hombre que lucha y se sobrepone, el hombre sencillo y, sobre todo, el hombre bueno; algo que debemos reivindicar antes de que se convierta solo en personaje de ficción.

Elena Marqués

Jesús Álvarez Fernández (Sevilla, 1964) es licenciado en Ciencias de la Información, especialidad Periodismo, por la Universidad Complutense de Madrid. Responsable de la sección de Educación y Universidad de ABC desde 1997, puso en marcha a finales de 1998 Paraninfo, dedicado a la actividad universitaria, científica, académica e investigadora de Andalucía. También ha dirigido la sección de Cultura de ABC de Sevilla y puesto en marcha la guía semanal de ocio juvenil Urbana7, la revista ABC360 y la publicación ABC Provincia. Actualmente es jefe de la sección local de ABC de Sevilla.

El ingeniero que no sabía bailar (2017, Amazon) es su primera novela.

 

El ingeniero que no sabía bailar

No se encontraron comentarios.

Nuevo comentario

Los libros que leo

Eterno amor

Que el manejo de la brevedad es un don lo estoy comprobando en estos días. Y que la concentración poética solo puede ser beneficiosa para un texto como este. Es admirable la forma de encerrar, en unos pocos términos bien elegidos, todo un universo; de describir, por ejemplo, con cuatro pinceladas...
Leer más

"Al final del miedo", de Cecilia Eudave, o cómo sortear el vacío

Hace poco, en una charla con cuentistas de la talla de Andrés Neuman, Antonio Ortuño, Eloy Tizón y José Ovejero, alguno de los asistentes se interesó por la fórmula para trabajar un libro de relatos, si estos podían ser independientes o era recomendable (aunque nunca hay reglas, eso está claro)...
Leer más

Salir, salir, salir...

Soy especialista en tristezas. En ocultarlas. En intentar sortearlas. Como buena (o mala) parte de la humanidad, he tomado Prozac. Me he sentido sobrepasada por las circunstancias. Con absolutas ganas de morirme. Pero posiblemente, aunque lo hubiera intentado, no habría sido capaz de escribir un...
Leer más

Contra la España vacía (que no contra España)

«Entiendo mis libros como parte de un esfuerzo centenario por explicar el país en el que vivo», comenta Del Molino en su introducción a Contra la España vacía. Muchas vidas le harían falta al escritor y periodista aragonés para poner algo en claro. Aunque pienso que en este último ensayo disipa...
Leer más

Aunque pensemos como Celaya

La entrada en un nuevo año siempre resulta ilusionante. No pregunten por qué, pero tendemos a celebrar un simple giro en el calendario como si fuera a traer la solución definitiva a nuestros asuntos. (Léase al respecto el primer poema de este libro que pretendo reseñar). Pero en esta ocasión el...
Leer más

¿Por qué no te callas?

En un mundo lleno de ruido, bien nos viene que alguien, de vez en cuando, nos haga callar. Porque posiblemente muchos de nosotros, pseudoescritores, pseudopoetas, casi pseudópodos en muchos aspectos por eso de arrastrarnos para que nos echen cuenta, somos los que más sobramos en esto de escribir y...
Leer más

Canción. Noticia de un secuestro (y II)

Conocí a Eduardo Halfon a través de su libro de relatos El boxeador polaco y la recomendación de mi amigo Carlos Torrero. Andábamos (o todo lo contrario) confinados por la pandemia y su lectura me permitió viajar entre Belgrado y la música de Milan Ravic, entre el Halfon escritor y el Eduardo...
Leer más

Dicen los síntomas o la corporeidad del lenguaje

A los hipocondriacos cada síntoma debe presentárseles como una verdadera maldición. Para ellos, cualquier tipo de señal del cuerpo, más que decir, más que hablar, les grita cosas terribles, los aproxima irremediablemente a la muerte. Y a la muerte en una habitación de hospital espera la...
Leer más

Nunca sabrás quién fui. Jugando al quién es quién

Quienes me conocen, si es posible conocer a alguien de verdad (y ahí lo dejo), saben de mi afición por los malabares literarios, mi inclinación por lo metaficticio y lo autorreferencial, por los límites y cómo traspasarlos. Porque, como muchos, estoy convencida de que nuestra vida, también la de...
Leer más

Lanzarse a «El agua del buitre»

Como muchos de los que braceamos desde hace años en este piélago de la escritura sin demasiado éxito, me considero un ejemplo de buena perdedora. Así que el hecho de que El agua del buitre, el último libro de cuentos de Andrés Ortiz Tafur, vaya dedicado en cuerpo y alma «A los que...
Leer más