El hombre que ya no soy

Cada vez que me siento a escribir la reseña de un libro no puedo evitar interesarme por las opiniones que han vertido ya otros lectores sobre él, y, en el caso de este de Salvador Navarro, El hombre que ya no soy, observo que todas coinciden en que la sinopsis de la contracubierta, que supuestamente debería estar dirigida a orientarnos, no nos sirve de gran ayuda.

Y esto es así porque, aunque sea Elisa, esa «mujer maldita» carente de escrúpulos dispuesta en apariencia a alejarse de su destino, quien abra el primer capítulo y se erija en un elemento importante de la ficción, realmente no es ésta obra de un personaje principal y otros secundarios, sino de todo el conjunto que por ella circula.

Nos encontramos, pues, ante una novela coral en la que el narrador omnisciente concede a cada uno de sus actores un lugar para desarrollar su historia; una historia de intriga que parte de la muerte violenta de Tolo, hermano de Roberto, enganchado a las drogas y a su propia debilidad; y a los intentos desesperados de resolverla por parte de su exitoso hermano mayor, su mejor amigo, Fidel, una antigua novia reaparecida de este y su tío Alfredo, profesor universitario que sufrirá amenazas por meterse donde no lo llaman.

La cuestión es que todo se complica para una familia acomodada tras la muerte de su joven oveja negra y nos vemos envueltos en una trama donde nadie es quien parece ser, ni siquiera algún que otro compañero de Roberto, que trabaja en una importante sociedad financiera internacional sujeta, quizás por ello, a corrupciones y malas prácticas.

Creo que esa es la mejor baza que juega el autor, pues, aunque realmente deberíamos hablar más bien de un protagonista abstracto, el eterno enfrentamiento del bien y el mal, también de la pugna de clases muy distantes en el sistema social, concretamente en el de Sevilla, una ciudad especializada, por su idiosincrasia, en discriminar a los sectores marginales, cada uno de los personajes queda bien dibujado, con sus elementos negativos y sus notas positivas, con sus contradicciones (quizás por eso Mariola es casi mi preferida) y sus laberintos internos, hasta en el caso de quienes se erigen por derecho propio en los «malos de la película», pues en cualquier círculo puede un individuo malograrse o, por el contrario, incluso con todos los elementos en contra, desarrollarse y encontrar una razón para vivir.

No puedo olvidar nombrar a otra de los protagonistas indiscutibles de la novela, la ciudad de Sevilla, cuyos bares y plazas recorremos de la mano de un autor que la conoce bien. Con Salvador Navarro transitamos por el laberinto de callejas del barrio de Santa Cruz, las amplias aceras de Nervión, las aulas de la facultad de Filosofía, e incluso nos atrevemos a sumergirnos es el Polígono Sur y Valdezorras para encontrar al culpable de parte de la desgracia que se cierne sobre algunos de nuestros protagonistas, que, en un giro de tuerca que jamás se me habría ocurrido, guardan una relación más estrecha de la que podíamos imaginar, lo que viene a confirmar ese dicho tan nuestro y tan indiscutible de que el mundo es un pañuelo y nosotros unas minúsculas partículas zarandeadas por la fortuna y/o la adversidad. Más o menos como todo el elenco de personajes que componen esta novela de la que espero disfrutéis.

Elena Marqués

Salvador Navarro (Sevilla, 1967) es ingeniero industrial y trabaja en Renault. En 2002 publicó su primera novela, Eres lo único que tengo, niña, a la que le han seguido Rosa.0, Andrea no está loca, No te supe perder y Huyendo de mí, todas ellas con un fuerte componente psicológico.

El hombre que ya no soy

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