Cartas a Siracusa

Llevo unas semanas febriles en cuanto a actividades y eso me ha hecho postergar el libro mensual de nuestra tertulia prácticamente hasta antes de ayer; sin embargo, al tratarse de una novela con todos los ingredientes de un best seller (en algún momento me ha recordado a los orígenes de Matilde Asensi y a las entretenidas novelas de Dan Brown), confieso que no me ha resultado difícil cumplir con el objetivo.

Cartas a Siracusa, de Lucía Feliu, capta nuestra atención desde el principio al ubicarnos a su protagonista, Ángela Blanco, en un hospital madrileño tras sufrir un aparatoso accidente en Egipto, del que se acusa a su acompañante, Teo Valdés, retenido allí hasta aclarar las circunstancias. Eso nos sitúa en una trama misteriosa en la que no faltan elementos de un affaire amoroso y un hermoso encuentro de amistad; e incluso, en algunos aspectos, de recuperación de la fe y de los deseos de vivir.

La historia comienza siendo la de un grupo de expertos de áreas distintas pero complementarias dispuestos a autentificar tres momias de mártires cristianos por encargo del mismísimo Vaticano. La acción, pues, transcurre en buena parte en la ciudad de Roma, si bien poco podemos llegar a conocerla, pues el foco de atención se dirige a la investigación, en los recintos de la Escuela Española de Historia y Arqueología (hay que reconocer el excelente trabajo de documentación de la autora en los terrenos de la ingeniería, la medicina y las ciencias químicas), a la toma de muestras y a su análisis, entorpecido por una aparente avería en uno de los aparatos del laboratorio.

Lo que al principio solo parece un trabajo rutinario, en el que vamos conociendo a cada uno de los personajes, trazados a grandes rasgos pero con acierto, se complica con la muerte del director de los Museos Vaticanos y la constatación de que uno de los cuerpos analizados, el de santa Lucía, trasladado en varias ocasiones para su preciado culto y robado en tantas otras, guarda un secreto que los conducirá a una investigación diferente y a un cúmulo de situaciones tan inesperadas como peligrosas.

Con un pequeño paréntesis en el que nuestra atención se centra en el encuentro y posterior desencuentro amoroso de la protagonista y el director del proyecto, el prestigioso doctor Teo Valdés, cuya mutua atracción queda clara desde las primeras páginas, con el paisaje de fondo de la playa de Zahara de los Atunes y esas olas procelosas a las que, en palabras del médico forense, no hay que temer, el equipo vuelve a reunirse para enfrentarse a nuevas indagaciones en las que adquieren protagonismo una carta del siglo II de nuestra era y una necrópolis no muy lejos de Alejandría donde un sepulcro paleocristiano esconde más de una respuesta a los intereses despertados en ciertos ámbitos empresariales.

Mucho más no puedo contar, pues destripar un thriller implica que perdamos el interés en su lectura. Solo puedo adelantar que esta se hace fluida e interesante, con diálogos fluidos en equilibrio con las partes descriptivas y los componentes de la acción; que, a pesar de esa documentación tan específica, no encontramos dificultad para entender los entresijos de las pesquisas; que viviremos momentos de aventura y peligro junto a otros de calmosa excitación; y que su autora puede estar segura de captar el interés de un abundante público deseoso de recorrer un agradable viaje literario.

Elena Marqués

Lucía Feliu Zamora, licenciada en Filología Inglesa, realizó estudios de postgrado y cursos de especialización en el Guildhall University de Londres y en Portobello House International School, Dublín, además de en la Universidad de Toulon, Francia. Ha vivido largas temporadas en países como Irlanda, Inglaterra, Francia, Grecia, Turquía, Italia y Marruecos, y en la actualidad es profesora de Inglés en un instituto de enseñanza secundaria en Sevilla. Autora de las novelas Blue Moon, El secreto del Maloca y El faro de Beaumont Place, entre otras, consigue refundir sus dos grandes pasiones en su oficio como narradora: la escritura y los viajes.

Cartas a Siracusa

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