Antes del Paraíso

«A mi padre, a mi madre, les faltaba alguna cosa».

No es que esta frase sea una de las más brillantes del libro, pero si la traigo aquí, a esta ventana, es porque estoy segura de que a todos nos falta más de una cosa (por eso, como el padre de Jorge en el primer relato, escribimos y, sobre todo, por eso leemos). Que sobre esa ausencia, sobre ese vacío, sobre esos huecos, se construyen todas las vidas. Se agrupan, para mantenerse a flote, las familias, centro de estas ocho narraciones en las que Pedro Ugarte se para a mostrarnos hechos tan domésticos y pedestres como la organización de los fines de semana en torno a las actividades deportivas de un hijo (o una hija en este caso); el abandono en la bebida de unas existencias cobradas por la monotonía; visitas a concesionarios de coches sin intención de comprar ninguno, por el mero placer de qué (¿de sentirse superior al vendedor?, ¿de humillarlo por gusto?, ¿de enfrentar distintos e iguales tipos de fracaso?, ¿de posponer un deseo irrealizable?); el refugio en un pasado glorioso que no fue tal, salvo por el hecho de haber rozado mínimamente las manos de un monarca extranjero (esos tristes papanatismos tan frecuentes y enternecedores); la separación civilizada de un matrimonio sin vistas al mar; los mimos y regalos exagerados hacia el último descendiente de una extensa familia como fórmula de lavar las conciencias por estar tan separados y tan ausentes.

Porque al deseo de volver al paraíso que da título al libro se aplican sin éxito los protagonistas de estas narraciones, los distintos Jorges que bien podrían ser el mismo pues, al fin y al cabo, nos parecemos tanto, queremos y odiamos tanto a nuestros padres, nos sentimos tan solos, vivimos en las mismas ciudades con las mismas rutinas, que no podemos sino sentirnos identificados con lo que aquí se narra, con las vidas insignificantes y sus proyecciones en las existencias ajenas (léase en ese sentido «Pequeñas cosas tristes») que significan la paternidad.

A esa identificación, a ese reconocimiento contribuye la manera sencilla, inteligente y natural que exhibe Pedro Ugarte de contar, de levantar algo extraordinario sobre lo más ordinario y anodino del mundo. No hay relatos con sorpresa, grandes anécdotas, remates de ningún tipo, pues la mayoría de las historias quedan en suspenso, a medio camino de su propia continuación. Los que hasta hace poco estábamos acostumbrados a que las obras literarias siguieran el clásico esquema de planteamiento, núcleo y desenlace (estoy siendo reduccionista, pero ya me entendéis), sabemos, sin embargo, que la vida nos depara otros recorridos en los que raramente aparece el término «fin» con el fin, valga la redundancia, de tranquilizarnos. De hecho, el mismo Ugarte nos lo recuerda en «Cliente fantasma»: «En la vida, las historias no terminan, o terminan de forma abrupta, inesperada, sin verdadera coherencia argumental. Las historias, en la vida, terminan como en las películas baratas, como en las novelas mal escritas».

Por otra parte, me gustaría añadir que Antes del Paraíso no es un mero conjunto de relatos, una acumulación de anécdotas que casan poco entre sí. No solo el nombre repetido del narrador, las escenas reales en torno a la escueta realidad de la familia, ese microcosmos donde todo se produce y se reproduce a pequeña escala, la forma ágil de narrar, sirven de hilo conductor de esta antología; también la sensación general que nos deja de que la felicidad no existe, el tono que consigue el autor con una maestría envidiable, contribuyen a que lo leamos como un todo, como distintas facetas o caras de un prisma (un octaedro, por decir algo) transparente con el que mirar el entorno.

En fin, por eso, y por más cosas que tendréis que descubrir leyendo este libro, me han gustado tanto los cuentos que componen Antes del Paraíso. Por su parecido con la realidad, por su verdad y verosimilitud, lo que demuestra una vez más que la Literatura no está obligada a inventar nada, que solo se fundamenta en eso. En algo tan sencillo como saber contar aunque nada se cuente. En emplear las palabras justas, el espacio exacto para hablarnos a nosotros mismos, para hablar de nosotros mismos. Para exponer nuestros fracasos, nuestros sueños, nuestras mentiras. Nuestra mediocridad. La envidia por la suerte ajena, que nos hace aún más infelices (léase al respecto «El premio»). Nuestras «insatisfacciones esenciales», nuestro propio «infierno íntimo» que poco o nada tiene que ver con el anunciado paraíso al que ansiamos regresar.

Elena Marqués

Pedro Ugarte Tamayo (Bilbao, 1963) estudió Derecho en la Universidad de Deusto. En la actualidad es responsable de prensa en la Universidad del País Vasco. Ha colaborado con Radio Euskadi, en el diario El Correo y en la edición vasca de El País. Finalista del Premio Herralde en 1996, ha obtenido, entre otros, los premios Nervión de Poesía, Euskadi de Literatura, Papeles de Zabalanda, NH de Libros de Relatos, Lengua de Trapo y Logroño. En 2009 recibió el Premio Julio Camba de Periodismo. Parte de su obra ha sido traducida al italiano, francés, euskera, inglés, alemán y polaco. Con su libro de relatos Nuestra historia obtuvo en 2017 el Premio Setenil.

 

 

Antes del Paraíso

Mensaje de Pedro

Gracias, Elena.
Por este comentario y, sobre todo, por la lectura. Me gusta mucho tu descripción del libro y las vetas que has encontrado en él.

Nuevo comentario

Los libros que leo

Trigo limpio

La verdad es que no sé por dónde empezar. Porque la novela ganadora del Premio Biblioteca Breve 2021 es tan ambiciosa, compleja y a la vez hipnótica que todo lo que diga en estas pocas líneas no alcanzará a explicar ni levemente lo que he experimentado en el camino. Simplificando mucho, Trigo...
Leer más

La hija del barquero

Con lo mucho que me gusta huir de la realidad, con lo que me apetece siempre tirar de la imaginación e inmiscuirme en vidas muy distintas a la mía a través de la ficción, últimamente solo me rondan proyectos biográficos. Que no se me malinterprete. Parece que he arrancado con una queja, o una...
Leer más

Días extravagantes

Desde la palabra «Existo» con que se inicia la novela Días extravagantes, de la escritora sevillana María del Monte Vallés, uno ya se pone en guardia. Y más aún al enfrentarse a la descripción del espacio en el que esa voz narradora dice existir, que parece una campana de laboratorio, un lugar...
Leer más

Rebecca

«Anoche soñé que volvía a Manderley». No sé si podría considerarse un comienzo digno de esas célebres listas que recogen los mejores arranques novelísticos, pero sí creo que continúa siendo uno de los más conocidos en la historia de la literatura y del cine. Y es que muchos lo escucharemos...
Leer más

El aire de Chanel

Que a mí el mundo de la moda me interesa más bien poco no tengo ni que decirlo. Basta verme andar por esas calles de Dios con pantalones heredados de mis hijas, camisetas agujereadas por el gato y el pelo siempre cortado y/o recogido en función exclusivamente de mi comodidad. Los zapatos, ni los...
Leer más

Yo, mentira

«Antes observaba los coches que paraban a nuestro lado en los semáforos y me asustaban esas parejas que no hablaban entre sí. Solía reírme de ellas para disimular. Ahora, en el nuestro, la única voz que suena por encima de la radio es la del GPS palpitando desde los altavoces». Con estas palabras...
Leer más

Historia de una novela

Que Thomas Wolfe es uno de los escritores más grandes del siglo xx nadie lo pone en duda. Que es posible conocerlo más o menos bien a través de su obra, extensa a pesar de su corta vida, tampoco se nos esconde. («Como ya he dicho, tengo la convicción de que todo trabajo creativo serio debe ser en...
Leer más

Eterno amor

Que el manejo de la brevedad es un don lo estoy comprobando en estos días. Y que la concentración poética solo puede ser beneficiosa para un texto como este. Es admirable la forma de encerrar, en unos pocos términos bien elegidos, todo un universo; de describir, por ejemplo, con cuatro pinceladas...
Leer más

"Al final del miedo", de Cecilia Eudave, o cómo sortear el vacío

Hace poco, en una charla con cuentistas de la talla de Andrés Neuman, Antonio Ortuño, Eloy Tizón y José Ovejero, alguno de los asistentes se interesó por la fórmula para trabajar un libro de relatos, si estos podían ser independientes o era recomendable (aunque nunca hay reglas, eso está claro)...
Leer más

Salir, salir, salir...

Soy especialista en tristezas. En ocultarlas. En intentar sortearlas. Como buena (o mala) parte de la humanidad, he tomado Prozac. Me he sentido sobrepasada por las circunstancias. Con absolutas ganas de morirme. Pero posiblemente, aunque lo hubiera intentado, no habría sido capaz de escribir un...
Leer más