Amante infiltrada

Desde el olvido hasta el encuentro, pero siempre desde la esencia de la belleza, Amante infiltrada, de Paco Carrascal (Sevilla, Anantes, 2015), nos recorre la piel poética con la punta de sus palabras, certeras y libres como el último rayo del día, sencillas como los frutos de un árbol.

En un tríptico en el que inventa tres nuevos subgéneros líricos, recorremos las sábanas arrugadas por el abandono, el muro no construido de la pena, los errores y los aciertos, un álbum de flashes, una lluvia de imágenes en las que el ansia de la presencia se erige como la luz blanca de los cirios. El poeta dialoga con esa amante que se infiltra y se evapora, fija sobre el lienzo la palabra «recuerdo» urgido por la necesidad de convertirlo en el pan de cada día, solidificado por la certeza de la soledad. Porque es el desencuentro una verdad que achicharra.

Se inicia entonces la sucesión de miedos, un camino nocturno que recorre, herido, el hombre. La naturaleza se impone en sus comparaciones; metáforas animales en que el poeta se deshuesa, se despelleja, se deshace, se desnuda ante nuestros ojos en un llanto manso, en un sacrificio sideral que se mira en los charcos.

Aunque no es este libro una piedra arrojada por la desesperanza. Una voz se levanta desde los escombros, renace de la locura. Los objetos cobran significado. El lenguaje los crea y hace nuevos. El agua los riega porque todo en Amante infiltrada está a la espera de que el paisaje reverdezca, y crezcan los árboles, y se adentren las raíces en la tierra, y nazcan flores en mitad del desierto. La fertilidad del poeta, su sensualidad acústica, resbala en versos libres, sueltos, llamaradas de espuma, palabras que se resisten a quedarse solo en el papel.

Pero Paco Carrascal no se ensaya como Dios en este libro. Ya era un hacedor desde hace tiempo y este volumen solo nos confirma algo más que una sospecha. Su voz es potente en el susurro, pues nos habla al oído, al de la amante y al del tiempo, que se impone efímero en las imágenes florales y en la obligación de la espera. Su diálogo nos hace entender los códigos, descifrar los pronombres.

Quizás por ello en el magnífico prólogo de otra poeta inmensa, Sara Castelar, se nos recuerda a Juan Ramón y Salinas, dos referentes obligados de la belleza y la comunicación, demiurgos, impulsores del universo de la palabra bien dicha.

Y Paco Carrascal es tan rotundo en su creación, amanece tan exacto, tan enamorado de la poesía; se enseña tan certero en lo que dice, que enamora a los lectores y se infiltra e instala en sus estanterías dejándonos siempre «con el deseo de volver a habitarlo».

 

Elena Marqués

Amante infiltrada

No se encontraron comentarios.

Nuevo comentario

Los libros que leo

El aire de Chanel

Que a mí el mundo de la moda me interesa más bien poco no tengo ni que decirlo. Basta verme andar por esas calles de Dios con pantalones heredados de mis hijas, camisetas agujereadas por el gato y el pelo siempre cortado y/o recogido en función exclusivamente de mi comodidad. Los zapatos, ni los...
Leer más

Yo, mentira

«Antes observaba los coches que paraban a nuestro lado en los semáforos y me asustaban esas parejas que no hablaban entre sí. Solía reírme de ellas para disimular. Ahora, en el nuestro, la única voz que suena por encima de la radio es la del GPS palpitando desde los altavoces». Con estas palabras...
Leer más

Historia de una novela

Que Thomas Wolfe es uno de los escritores más grandes del siglo xx nadie lo pone en duda. Que es posible conocerlo más o menos bien a través de su obra, extensa a pesar de su corta vida, tampoco se nos esconde. («Como ya he dicho, tengo la convicción de que todo trabajo creativo serio debe ser en...
Leer más

Eterno amor

Que el manejo de la brevedad es un don lo estoy comprobando en estos días. Y que la concentración poética solo puede ser beneficiosa para un texto como este. Es admirable la forma de encerrar, en unos pocos términos bien elegidos, todo un universo; de describir, por ejemplo, con cuatro pinceladas...
Leer más

"Al final del miedo", de Cecilia Eudave, o cómo sortear el vacío

Hace poco, en una charla con cuentistas de la talla de Andrés Neuman, Antonio Ortuño, Eloy Tizón y José Ovejero, alguno de los asistentes se interesó por la fórmula para trabajar un libro de relatos, si estos podían ser independientes o era recomendable (aunque nunca hay reglas, eso está claro)...
Leer más

Salir, salir, salir...

Soy especialista en tristezas. En ocultarlas. En intentar sortearlas. Como buena (o mala) parte de la humanidad, he tomado Prozac. Me he sentido sobrepasada por las circunstancias. Con absolutas ganas de morirme. Pero posiblemente, aunque lo hubiera intentado, no habría sido capaz de escribir un...
Leer más

Contra la España vacía (que no contra España)

«Entiendo mis libros como parte de un esfuerzo centenario por explicar el país en el que vivo», comenta Del Molino en su introducción a Contra la España vacía. Muchas vidas le harían falta al escritor y periodista aragonés para poner algo en claro. Aunque pienso que en este último ensayo disipa...
Leer más

Aunque pensemos como Celaya

La entrada en un nuevo año siempre resulta ilusionante. No pregunten por qué, pero tendemos a celebrar un simple giro en el calendario como si fuera a traer la solución definitiva a nuestros asuntos. (Léase al respecto el primer poema de este libro que pretendo reseñar). Pero en esta ocasión el...
Leer más

¿Por qué no te callas?

En un mundo lleno de ruido, bien nos viene que alguien, de vez en cuando, nos haga callar. Porque posiblemente muchos de nosotros, pseudoescritores, pseudopoetas, casi pseudópodos en muchos aspectos por eso de arrastrarnos para que nos echen cuenta, somos los que más sobramos en esto de escribir y...
Leer más

Canción. Noticia de un secuestro (y II)

Conocí a Eduardo Halfon a través de su libro de relatos El boxeador polaco y la recomendación de mi amigo Carlos Torrero. Andábamos (o todo lo contrario) confinados por la pandemia y su lectura me permitió viajar entre Belgrado y la música de Milan Ravic, entre el Halfon escritor y el Eduardo...
Leer más