Ay

Don Antonio Machado

Gracias compi por dejar que así a la distancia (estoy tan lejos de los "huertos claros" de Las Dueñas donde maduraron limoneros y "otras pasiones") así - como digo- desde tan lejos me hayas traído a la memoria las tantas y emotivas ocasiones en las que acudí a cuanto homenaje se le rindieron a don Antonio. Una en la que en Castuera (Badajoz) glosaron al alimón a Machado y Hernández. Hubo - como era de esperar - lecturas de sus obras. Yo, sin dudarlo recité, claro. Y mi visita a su tumba de Colliure donde charlé largo rato con él. Me contó lo agotador de aquel viaje acompañado de su madre y de Corpus Barga a través de los fríos Pirineos. Algo musitó acerca de Doña Guiomar. Pero no quise yo hacer de la visita algo que lo entristeciera. Platicamos sobre sus días en Baeza donde vivió (conocí su casa) entre esa verde y acogedora visión perenne de aquel océano de olivares. Y cuando comenzaron a "soplar vientos del sur emprendí el viaje" de regreso a Barcelona donde yo vivía en aquellos tiempos. Me despedí de don Antonio con un ramo de rosas rojas que deposité junto a su pobre, abandonada e inclinada lápida. Pasé junto a "un olmo seco" que mostraba sus ansias de renacer al mostrar algunas ramas pequeñas y verdes. Una lágrima mojó mi mejilla de camino al automóvil y me dio en pensar "que terriblemente doliente es la incomprensión y el abandono. Pero parece que ese es el sino de los ilustres y no dudo que.... inevitablemente, el mío. Un saludo desde América. Fernando

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