Principios, finales...

Sé que son días en que resulta «obligado» felicitar las fiestas. Llueven las tarjetas con mensajes hermosos, llenos de buenos deseos para el año que empieza. Yo no he tenido demasiado ánimo para sumarme al jolgorio general. No podría decir el motivo concreto. Quizás sea una suma de varios que no es preciso enumerar.

Además, a poco que nos paremos a pensar un poco, nos damos cuenta de que el tiempo no tiene esos límites que establecemos. Termina 2016, pero los días son iguales, no se distinguen unos de otros. Y, puesto que eso es así, también los buenos deseos de paz, amor, etcétera, deberían estar siempre presentes. Sin embargo, la guerra sigue arrancando vidas, las mujeres mueren a manos de hombres que es mejor no describir, los enfermos se sienten solos en los hospitales, los que viven fuera vuelven a casa por Navidad y lloran de emoción como en un anuncio publicitario. De esa circunstancia he participado este año por primera vez. Imagino que, con mis hijas ya mayores, se repetirá muchas más. Y eso por nombrar algunos casos de lo que cada día aparece en nuestras pantallas.

Pero, si nos circunscribimos a lo más cercano, por poner un ejemplo malicioso, aquel que envió ese famoso vídeo sobre unos cuantos jóvenes a los que se les pregunta cómo celebrarían estas fiestas con su familia si fueran las últimas (supongo que las últimas de sus padres, ya mayores, o sus abuelos, aunque nadie tiene asegurado nada) sigue haciendo sus planes de salir con amigos a tomar cervezas y estar el mínimo tiempo con «los suyos».

Quiero decir que la hipocresía se asienta entre nosotros y es algo que cada vez me cuesta más trabajo aceptar. Y sé que decir siempre la verdad es complicado, pues con ella se puede hacer mucho daño. De eso hablaba no hace mucho con una amiga a través de Facebook, y yo le bromeaba con que también hacen daño los tacones y la gente se los calza igualmente.

En fin, que no pretendo molestar ni lastimar a nadie, pero lo único que quiero es que esto se arregle. Al mundo me refiero. Y no hay visos de eso, ni de nada. Así que no tengo muchos motivos para alegrarme por estas fiestas, y esa ha sido la razón por la que no he puesto árboles ni bolas en mi perfil.

Alguien dirá que no es la actitud. Que siempre se puede hacer algo. No lo dudo. Yo, por mi parte, intentaré ser más honesta en mi trabajo, decir más veces la verdad, hacer lo que me haga sentir bien, y pare usted de contar. Os invito a los demás a actuar del mismo modo.

Un abrazo.

Elena Marqués

Principios, finales...

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Elena....no puedo sino aplaudirte y darte un abrazo por tu visión de las cosas y la inmensurable honestidad que te ""alumbra""....sólo es cuestión de leer con tres ojos lo que escribes y describes....estoy con vos. Un saludo. F.

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