Comidas para llevar

Aunque con casi cuatro años de retraso, ha llegado a mi mesa Comidas para llevar (Cáceres, Rumorvisual, 2011). Gracias a sus aliños naturales, el tiempo lo ha tratado bien y nada ha caducado en su andadura.

Y porque el emplatado es también importante, lo primero que atrae de este librito de 22 relatos breves es su exquisita presentación, aderezada con oportunas ilustraciones sobre fondo de mantel a cuadros y ribete frutal de libro de recetas.

Evidentemente, el trabajo del cocinero, el cacereño Víctor Manuel Jiménez Andrada, va más allá y el resultado es, como la prologuista, Pilar Galán, explica, un conjunto bien ligado de cuentos agridulces para leer en cualquier momento del día, pues, aunque de apariencia ligera y elaborados con una prosa sencilla, dejan todos un sabor de amargura en el paladar.

Empezamos por el final del almuerzo, con un «Café con leche» en la barra de un bar que nos da idea de a qué nos enfrentamos. El narrador se nos presenta como un curioso incansable y también el hacedor que maneja los hilos (un pequeño dios, vaya); un escritor-recolector de personajes y de historias que aprovecha el tiempo de desayuno en el trabajo para inspirarse y que aparca su faceta creativa a la entrada de la oficina para convertirse en triste peón[i]. Ese fantasioso asalariado, a lo largo de ochenta y tantas páginas, hablará de personas que devienen personajes mientras actúan en el escenario de las avenidas (aunque los «Callejones traseros» siempre estén ahí) y que se desvisten de su máscara actoral al atravesar de nuevo la puerta de su casa (que se lo digan, si no, al Eusebio del relato que da título al volumen); comediantes tan humanos y desvalidos como el protagonista de «Te busqué» o el errabundo Nicolás de «El despertar», que vaga sin saber quién es (como otros tantos) oprimido por sus propios recuerdos. O esos otros tan insoportables como la mujer que grita para que el marido baje la basura; un fragmento de vida cotidiana que en realidad se desarrolla sobre el metafórico tablero de ajedrez en un laberíntico juego de apariencias (de ahí el título del relato, aunque el pasatiempo no quedará ahí, sino que es la base de muchas de las historias hasta desembocar en «Nocturno»). En otros casos es la soledad la que se manifiesta (una soledad que se consuela con besos comprados y se salva por la fuerza redentora de la lluvia o el dócil dulzor de las rememoraciones), o la desesperación (la que conduce a «Esta vez será la última»), la huida (véase «Nuevo amanecer») y otros vicios sin remedio (hágase lo propio con «Papeles perdidos»).

Y en este menú no podían faltar historias frías de desagravio («La dulce venganza» y «La ternera asesina») o la mala fortuna en una «Noche de Reyes» narrada a la manera de los mejores thrillers en la estrechez oscura de un garaje. O la leyenda de una secta y lo que de teatro y representación (y de márquetin y publicidad y de mentira) la rodea. Porque hasta la muerte de un niño puede convertirse en espectáculo (léase «La fotografía») y la amistad llegar a extremos peligrosos.

En resumen, Comidas para llevar es un conjunto narrativo coherente interrumpido en ocasiones por microrrelatos recios y metafóricos como «La traición» o «Segunda oportunidad»; un libro donde un personaje desesperado puede inspirar una historia y un poema de amor, el final más adecuado; donde un lector de Nabokov duda de sus sueños y de los fantasmas de la madrugada; donde literatura y realidad, como casi siempre en la vida, son una misma cosa. Al fin y al cabo, quién puede separar, una vez elaborada, los ingredientes secretos de una buena bullabesa.

 

Víctor Manuel Jiménez Andrada (Cáceres, 1971) ha publicado poemas y cuentos en diferentes revistas y antologías. En junio de 2012 crea la Asociación Cultural Letras Cascabeleras, cuyas ediciones se encarga de coordinar. En noviembre de 2012 publica el poemario Versos del insomnio y en junio de 2014 sale a la luz Circo, con el que ha ganado el XVI Premio de Poesía «García de la Huerta». Periódicamente publica «Letras Breves», con textos hiperbreves y poesía.

En su blog www.papirowebxia.com se pueden disfrutar de algunas muestras de su trabajo.

 

 

Elena Marqués



[i] Para mí que el mundo del trabajo, esa losa que algunos llevamos con resignación, le pesa al autor casi tanto como a mí. De ahí su venganza particular en «El ogro feroz» que espero que, en este caso, y a favor de la moralidad reinante, solo sea ficticia.

 

Comidas para llevar

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